Los rumores que anuncian el regreso del clásico capitalino a sus mejores días son ciertos. Pese a que las estrellas se hospedan en Cali, Barranquilla y Medellín, no hay rivalidad que conjugue mejor la bonanza actual del fútbol colombiano como lo hacen Santa Fe y Millonarios. Al igual que en el primer clásico del semestre, anoche reinó el ritmo alto, el talento individual y la competitividad.

El matiz fue por cuenta del equipo de Miguel Ángel Russo, quien hoy por hoy busca cosas distintas a las que pretendía cuando enfrentó a Santa Fe fechas atrás. Por su parte, el conjunto albirrojo, aunque con otros intérpretes, jugó dispuesto a replicar el plan que le dio la victoria en el primer clásico: trabajar el partido desde la defensa y sacar provecho al contraataque.

Russo preparó un antídoto para la presión cardenal

Si bien el éxito que bordó Santa Fe en el último clásico se entiende a partir de la presión que supo sostener, esta vez el conjunto embajador se trajo una solución entre manos. Con la incorporación de Juan Guillermo Domínguez en la salida de balón albiazul, incrustándose entre centrales y provocando situaciones de hasta cinco contra tres delanteros cardenales, Millonarios no mostró mayores problemas en sus primeros pases.

Una vez superaba cómodamente la presión santafereña, el mediocampo de Millonarios hizo tanta gala de sus virtudes como confesión de sus males. La noticia más que positiva estuvo en la conducción de David Macalister Silva, quien mostró gran solvencia para sumar pases y dinamizar cada ataque. La gran noche del bogotano puso en evidencia de sobremanera la ausencia de Yeison Gordillo en Santa Fe.

No obstante, las intenciones de Silva en un medicampo con Santiago Mosquera y Henry Rojas no dejaron de ser redundantes. En efecto, Millonarios estuvo en capacidad de encadenar posesiones que no siempre se tradujeron en situaciones de peligro. Una muestra fiel de lo que es el equipo de Russo: una abundancia de organizadores que carecen de una figura desequilibrante.

Sin sus mejores armas para hacer daño, Santa Fe se dedicó a resistir

Pese a la impotencia albiazul, Santa Fe no encontró la manera de sacar provecho a los contraataques. La excesiva pausa y falta de explosividad de Yamilson Rivera y los desaciertos técnicos de Anderson Plata resultaron en una delantera en desacuerdo y un derroche de jugadas ofensivas. Dada la situación, Gregorio Pérez se conformó con terminar de frustrar el mediocampo de Millonarios retrasando a Juan David Valencia.

Para la segunda mitad, Russo atendió a las soluciones que pedía su equipo y elevó su apuesta. Si bien la sociedad Mosquera-Silva se juntaba a placer por izquierda y se mostraba muy superior, el entrenador argentino envió a la cancha a Robinson Aponzá para atacar el lado débil y sumar la profundidad que echa en falta la posesión albiazul.

Castellanos y Tesillo fueron fuente de seguridad de principio a fin

Lo cierto es que ante Independiente Santa Fe no es buen momento para probaturas. La seguridad de los guantes de Leandro Castellanos, el exquisito repertorio en el área de William Tesillo e incluso la notable noche de Javier López por los aires hicieron del expreso rojo un muro infranqueable ante el asedio. Una leonera liberada en ese partido que lleva buen tiempo ganando por goleada: el de la pelota quieta.

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