En un choque de titanes, Junior y Millonarios medían fuerzas tras el 0-0 de la ida en Bogotá por cuartos de final de Copa Colombia. Un empate que no sólo dejó la eliminatoria abiertísima, sino que también dejó a la espera los mejores 90 minutos por presenciar. Tanto los dirigidos por Comesaña como por Russo afrontaron la competición como la grandísima oportunidad que es: un cupo a la Copa Libertadores en el caso de salir campeón. Es el camino más corto e inmediato que pueden encontrar los clubes colombianos con el objetivo a la vista de disputar el año siguiente el torneo internacional más importante del continente sudamericano. Y ambos, sobre todo Millonarios con la rotación del fin de semana en su visita al América de Cali, se prepararon para dicha contienda.

La noticia negativa del tiburón estuvo en ese trivote compuesto por Sánchez, Pico y Cantillo. Cuando Comesaña opta por poner a tres miembros en el centro del campo, la espesura y horizontalidad condiciona en exceso su ataque posicional. Tanto James como Leonardo y Víctor son tres jugadores que no se caracterizan por su aporte al ritmo. Con ellos tres –o Sebastián Hernández– sobre el verde, están lejos de imprimir un ritmo alto con pelota. Fue así como Russo, con Domínguez, Rojas y Macalister por el centro, aprovechó para salir a la presión y jugar tres contra tres.

No obstante, en ese lapso aparecieron Yimmi Chará, con sus apariciones en los picos de área, y Roberto Ovelar, con sus geniales apoyos entre líneas, para saltar la barricada azul. Crucial el nombre de Jorge Arias, con envíos directos y desplazamientos de balón más que estimables, para desatorar el tráfico interior ocasionado por Miguel Ángel Russo. Lo mismo Leiner Escalante, solución individual desde su superioridad en el mano a mano sobre Jair Palacios. Y a medida que Junior se fue metiendo, acomodando y asentando en campo embajador, las opciones de Millonarios de sobrevivir se fueron cayendo. Por esto mismo, Russo no tardó en meter mano: borró su primera y única columna de presión y retrasó su línea defensiva hasta las cercanías de Vikonis. Jugó con fuego, pero Millonarios terminó yéndose ileso al descanso.

Jarlan sacó al Junior de los problemas en el segundo tiempo

Para la segunda parte, el ingreso de Jarlan Barrera transformó en su totalidad el desarrollo del encuentro. Tras unos primeros 10 minutos demoledores, Junior se hizo amo y señor del juego. Con líneas de pase a la espalda de Domínguez, golpes de cadera y controles finísimos, el samario giró tanto la estructura azul como el partido. Asimismo, sobresalió su aplicación defensiva y ofensiva, bajando a echar una mano al lateral Murillo y moviéndose para dar espacio a Chará y soluciones al doble pivote Pico-Cantillo. Porque no sólo se mostró con pelota, sino también sin ella. Su presencia liberó a Chará de la banda y acercó a alguien a Ovelar para poner de cara.

Para colmo, Millonarios sufrió la lesión de Bertel y, además, Zapata no ofreció el impacto esperado. En esas lides, Russo perdió la batalla en el mediocampo y el partido se hizo un correcalles que, ni corto ni perezoso, el argentino no tardó en aceptar. Se dejó incitar por los espacios que dejaba Junior por las bandas en transición ataque-defensa. Pero así lo quiso Comesaña. Inteligentemente, sabe que en un juego de intercambio de golpes tiene las de ganar. Juntar a Barrera, Chará y Ovelar, futbolistas ultra diferenciales, inclina por norma lógica y obvia esa decisión. Ningún equipo tiene la capacidad de dejar KO con un solo derechazo. Y aunque el gol no llegó así, sí fue posible encontrarlo por la vía del ida y vuelta.

La dirección de campo de Julio Comesaña acabó por consagrarse con la entrada de Luis Díaz en detrimento de Leiner Escalante. El extremo guajiro, el cual su papel se venía relacionando con los espacios, manifestados en los segundos tiempos, o con la agitación, cuando Junior necesitaba características propicias para ampliar una ventaja, demostró saber jugar. No sólo dejó acciones de desequilibrio en una baldosa, que es la virtud que más pesa en su juego, también diagonales a portería, descargas al lado débil y conservaciones de balón que consumieron reloj. Díaz, a quien le cometieron el penalti del decisivo 1-0 final, significó la estocada final para Millonarios. Junior, a semifinales de Copa Águila.

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