El tiempo pasa muy rápido. Andrés Ricaurte Vélez (3 de octubre de 1991), centrocampista de corte ofensivo que debutó en Primera División en 2012 con el extinto Águilas Doradas de la mano de Hernán Torres, nunca logró asentarse en la máxima categoría del fútbol colombiano por factores de confianza y repetición. Entre su año de debut hasta el 2016, época en la que decide dar un retroceso a Segunda División al proyecto de Leones de Turbo con el fin de dar dos pasos progresivamente para madurar y forjar una idea más realista con respecto a sus posibilidades y talentos, le sirvió para tomar una mentalidad más sensata de cara a romper a jugar. Ricaurte fue un futbolista al que siempre se le vinculó en un origen con el control de balón y el pase definitivo, tareas en las que dejó muestras idílicas en relación técnica-ejecución. No obstante, donde y como verdaderamente se ha destapado a jugar ha sido en el Atlético Huila como un todocampista que pregona, día sí y día también, que su espalda puede cargar peso. Mucho peso.

Y gran parte de este presente no sería factible si no tuviéramos en cuenta la acertadísima decisión de ir a jugar a Leones. Con Víctor Cantillo y Harlin Suárez por detrás, Juan David Rodríguez y Juan Suescún a los lados y Daniel Lloreda por delante, recibió una increíble colaboración de cara a intervenir con ventaja y de juntarse con auténticos jugones. La mayoría hombres de pelota al pie, por consiguiente, el lenguaje no tenía mayor dificultad que asociarse en corto y avanzar escalón por escalón hasta pisar la frontal. Además, todos de técnica depurada, confirmaron su sobresaliente temporada con traspasos a clubes de Primera, redondeando con éxito el trabajo realizado por el entrenador Juan Carlos Álvarez.

Andrés Ricaurte es un consumado pasador

Si bien Andrés Ricaurte parte, entre comillas, como interior más avanzado en el 4-3-3 de Néstor Craviotto, el antioqueño es el jefe de cada una de las posesiones opitas. Su radio de acción es amplísimo, dándose tanto tiempo como espacio para aclarar dónde y cómo influye en el partido. Para colmo, Ricaurte está provisto de la disposición, de la creatividad y del ritmo que el entrenador argentino requiere en esa zona de los primeros compases destinada a quien recibirá el primer pase para dar el segundo –o a dar el primero directamente, obligando a Carlos Robles, pivote más puro, en abandonar su posición de inicio–. Se confía muchísimo en su claridad para extender el juego en todas las fases, en su criterio para ordenar desde su propio campo hacia adelante y en su rango de pase alto, teniendo la facultad de golpear la pelota a casi cualquier distancia con cualquier superficie del pie.

Sus primeras participaciones se originan muy lejos de zona de aceleración

Ricaurte posee técnica y físico suficientes para recibir entre líneas, girarse, proteger el balón y dar continuidad o crear peligro según corresponda. Sin embargo, esta nueva función, tan desgastante como llena de cargas creativas y gestoras, lo ha ausentado del gol. Y aunque en el actual semestre suma 4 asistencias en 9 encuentros, siendo el máximo asistidor de la Liga, la noticia es que en 8 meses como jugador del Atlético Huila aún no se ha podido estrenar en las redes, cuando el año pasado se escapó a los 10 goles y 13 pasegoles. Cifra que oculta el innegable potencial diferencial de su pierna izquierda.

Dicho esto, Andrés equilibra dicha falta de pegada con fútbol. Por el hábito cultural que existe en Colombia de apretar a partir de mitad de cancha, es un jugador muy apto para superar presiones con una conducción, un control orientado o un pase interior. Para más inri, las opciones que él no puede generar directamente las ve en otros, pues es el único jugador de la plantilla huilense que va más allá de entregársela al compañero, intuyendo y valorando qué pasará después. Es decir, le brotan las ideas con balón. Y mientras sostenga este nivel, será uno de los centrocampistas más dominantes en el día a día de la Liga Águila.

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