Debutó como titular en septiembre de 2015 y un año después ya había sido campeón de América con Nacional, había debutado y marcado con la selección Colombia, tenía un contrato con el Manchester City y jugaba en el Deportivo de La Coruña de la Liga Santander. Meteórico. Marlos Moreno se ganó a pulso y merecidamente el apelativo de chico maravilla subiéndose a un globo de futura gran estrella mundial que se ha venido desinflando de a poco. Su primer año en Europa solo sirvió para sembrar dudas sobre su calidad. El City le ha dado una segunda oportunidad con una especie de club satélite en el que, además de Moreno, han recalado otros tres juveniles del equipo skyblue. En el Girona, Marlos tendrá una segunda oportunidad.

Tras un primer año decepcionante, Marlos tendrá una nueva oportunidad de brillar en La Liga

Lo cierto es que todo lo que se vio en su periplo en el equipo gallego no fue nada que no se haya visto también fundido en la elástica verdolaga. Marlos llegó a Nacional con 14 años siendo delantero centro y así se definió cuando fue preguntado por el tema en la entrevista que le hace el Manchester City a todos sus fichajes para su canal de TV. Juan Carlos Osorio, el entrenador que lo hizo debutar, fue quien lo puso en la banda, convencido de que con su velocidad y cambio de ritmo podía ser un gran delantero abierto. Con Reinaldo Rueda también empezó allí, y quizá su mejor nivel lo dio jugando de extremo derecho en el cuarteto ofensivo del Nacional Globetrotter de la primera fase de la Copa Libertadores del año pasado. Ahí, con espacios para correr y hacia donde moverse por el constante cambio de posiciones, Marlos impactó. No obstante, donde más demostró la pasta de su fútbol fue cuando se le encomendó el carril central, demostrando una madurez y finura en sus intervenciones con y sin pelota que llamaban más la atención que su defectuoso dribbling: porque Marlos también regateaba mal en Nacional, también se caía y también fallaba controles y remates en el Atanasio, comportamientos que se acentuaron jugando en el ritmo europeo.

Y es que, por lo menos en la opinión de esta redacción, Marlos da lo mejor de sí jugando fuera de la banda. No es extremo. Tiene problemas técnicos para regatear y talonear, por lo que las conducciones largas le cuestan. Cómo sí brilla es con el movimiento de caderas en una baldosa, el cambio de ritmo y los amagues. La gambeta. Ahí muestra su gen, que es mismo de los Asprilla, Valencia o Usuriaga. En parado y cerca del área, elimina rivales. Y también juega: se asocia, se mueve entre líneas, abre caminos de juego y de gol. El Girona, que ascendió con un sistema de cinco defensas, tres mediocampistas y dos delanteros, no lo condenará a la banda, sino que lo pondrá regularmente en la punta del ataque, ya sea como referencia, que no le cuesta, o por detrás de un ‘9’ más fijo, que no dejaba de ser la posición en la que se alineaba por detrás de Miguel Borja. Y así, Marlos sí es un futbolista de la escala de la que se pone y se dice: una joya de nuestro fútbol.

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