Deportivo Cali atraviesa una tormentosa situación la cual, de a poco, va tomando tintes de no retorno. Su entrenador,  Héctor Cárdenas,  se encuentra en un limbo futbolístico que ante cada partido lo hace confrontarse consigo mismo en búsqueda de una respuesta que sigue incompleta, a medio acabar. Independiente Medellín, ni corto ni perezoso, advirtió y atacó los defectos de su rival haciéndolo tropezar una y otra vez.

Defender en Deportivo Cali es un dolor de cabeza

Héctor Cárdenas mandó al gramado del Estadio Palmaseca un 4-3-3 que distaba de lo planteado en los dos últimos juegos, donde utilizó un 5-3-2. La disposición del equipo azucarero consistía en poder contar con una presión sobre Eduard Atuesta, a cargo de Daniel Giraldo, y una vigilancia detallada sobre Juan Fernando Quintero, misión de Kevin Balanta. Este accionar surtió efecto en la primera mitad del periodo inicial del compromiso, pues gran parte de ese tramo se jugó en terreno del equipo rojo. Medellín tenía la pelota pero su circulación no permitía a Juan Fernando Quintero dar ese toque distintivo, haciendo que el equipo careciera de sorpresa. Esta dinámica hizo al poderoso contar con un juego inofensivo que, a la postre, serviría como carnada para que Deportivo Cali diera un paso adelante, encontrando el gol en Duque pero abriendo una puerta hacia el suplicio.

Independiente Medellín reaccionó rápido al gol en contra gracias a la magia que posee en sus botines Quintero. El ‘10’ de los antioqueños es capaz de encontrar lugares inhóspitos para acomodar el balón dentro del arco y en una ejecución de tiro libre lo hizo saber. El empate desconcertó a los verdes, que empezaron a elegir cualquier ruta para atacar pero no podían encontrar a Benedetti, su mejor guía. Y si arriba no había luz, en defensa las sombras eran dueñas del ambiente.

Ante esto Leonardo Castro empezó a lucirse. Su movilidad pulverizó a una defensa llena de grietas, dándose un banquete en el cual Mina intentó resistir pero terminó cediendo para que la primera etapa concluyera 1-2 a favor del conjunto de la capital de la montaña.

Héctor Cárdenas frente a un dilema

El entretiempo fue un tiempo muerto, valga la redundancia. Se pensó en que Deportivo Cali iba a corregir su posicionamiento defensivo cuando atacaba, tomando mejores referencias sobre Quintero y reduciendo el impacto de un Castro esplendoroso pero no, fue más de lo mismo. Era trastabillar con la misma piedra y Medellín haría leña del árbol caído.

Temprano, iniciado el segundo tiempo, el visitante iba a aplicar sal en la misma herida de su rival amprado en un Leonardo Castro incontrolable. Cada participación del pereirano aumentaba la agonía de una estructura defensiva flácida, controlada por el caos y en la cual cualquier nombre es doliente. Los minutos de la etapa final pasaron sin dar ninguna novedad. Todo fue de trámite, exponiendo el desespero de un Deportivo Cali que no termina de establecer un rendimiento a la altura de la calidad de su plantilla

Héctor Cárdenas parece luchar cara a cara con el ser y el deber ser. Por un lado, intenta no despegarse de la filosofía verdiblanca y por otro sabe que su equipo defensivamente le obliga a adaptarse pero no termina de convencerse. La indefinición asalta sus pensamientos, dejándolo a mitad de camino y haciendo que las incógnitas sea pan de cada día.

El Medellín, por su parte, tendrá mucho que decir en el campeonato si el talento de Juan Fernando Quintero encuentra un desahogo como el de Castro. Eso lo considera Juan José Peláez, quien a su orden táctico deberá aplicar frescura para que su equipo se suelte a jugar, pues tiene piezas formidables que partido a partido van siendo más determinantes.

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