La segunda etapa de Héctor Cárdenas como entrenador del Deportivo Cali podría resumirse en que, jornada tras jornada, ha plasmado una idea basada en la versatilidad y no en la especialización. Es decir, ha movido montañas para adaptarse a su rival, para manejar mejor los tiempos o para elegir qué riesgos son necesarios asumir. Ha hecho los gastos necesarios para imponer, desde la pizarra, el tipo de partido que se iba a jugar, especialmente como local. No obstante, nada de esto se ha visto reforzado con al menos un par de victorias holgadas. Y ni siquiera victorias, sino desarrollos de juego. O lo que es lo mismo: nunca pudo establecer una gran racha.

El entrenador verdiblanco no para de buscar soluciones

Pero lo cierto es que el Cali siempre reaccionó a esa diminuta mala dinámica. El debate puede estar en si fue lo suficientemente tarde u oportuno el timonazo táctico, pero a los de Cárdenas casi siempre les alcanzó para completar el objetivo o para mostrar un envión anímico. El semestre pasado, por ejemplo, el Deportivo Cali se debatía entre lo que quería ser y lo que podía. Sin embargo, en un momento dado, Cárdenas cambió al 5-2-3 y el rendimiento colectivo elevó su nivel medio. Porque el Cali empezó a dejar de sufrir por el carril central, creció a través de las transiciones, potenció el motor al espacio de sus nuevos carrileros y dejó de exponer físicamente a sus pivotes. Todo esto desde un detalle no menor: la intención no era la de construir un equipo, sino la de ejecutar un plan. Es decir, un pensamiento cortoplacista. Y guardaba mucha sensatez, pues había agarrado el barco a mitad de temporada y el 4-2-3-1 comandado por Roa no terminaba de funcionar.

Entre los buenos resultados de la Liga I que ayudaron para llegar a la final, el nivel superlativo de Benedetti y el no querer malgastar tanto arsenal ofensivo, la apuesta de Cárdenas de cara a la actual campaña y al juego de su equipo con balón era recuperar el dibujo de los mediapuntas. Era inevitable la tentación. Y Palmaseca aclamaba por ellos. Además, los resultados y el dominio abrumador en playoffs sirvieron como pretexto para dar el paso. Pero con desbalanceadas presentaciones en el horizonte, Cárdenas optó por echar reversa. Nuevamente a la defensa de cinco. A ese sistema que lo catapultó a las finales del primer semestre. Eso sí, con matices funcionales y de discurso.

En tan sólo dos compromisos, Héctor Cárdenas ha utilizado el 5-3-X-1, ha repetido casi las mismas piezas –únicamente un cambio del partido de América al de Pasto– y ha priorizado la defensa del área, máxima falencia azucarera en lo más reciente. La incógnita esquemática obedece a la posición de Nicolás Benedetti, quien vale un sistema ofensivo por sí solo y varía su ubicación con relación a lo necesario, pues puede hacer de cuarto centrocampista, segundo delantero o enganche. Benedetti está en la total libertad de visitar cualquier zona del campo a recibir. No tiene establecido un perímetro.

El Deportivo Cali de hoy le apuesta a la defensa del área

Más allá de lo anterior, las constantes están en la parte posterior. Por un lado, salvo para asistir a la cobertura, los tres centrales –Rosero, Moiraghi y Lucumí– nunca huyen de su propia área. Es una decisión innegociable. Asimismo, como gran peso de las salidas rápidas se basan en la zancada de Didier Delgado y en el arrojo de Jeison Angulo, los contrarios suelen dirigir sus ataques hacia los costados y recurrir al centro lateral, por lo que el Cali defiende en superioridad su caseta. El otro rasgo distinto se observa en lo pegadita que están su línea defensiva con la de centrocampistas. Aunque aún está lejos de hacerlo, el deseo es moverse como un todo. Evidentemente, nunca hacia arriba. Entre su portero y el trivote defensivo, un mínimo de 20 metros.

Es muy pronto para lanzar juicios concluyentes, pero la línea que dibuja el Deportivo Cali es positiva. Muy positiva, de hecho. El control, el ritmo y la capacidad de espesar son cuestiones que pretende dominar. La amenaza, a manos de la pareja Benedetti-Duque. De lograr consolidar esta idea, Cárdenas habrá dotado de una memoria táctica a su equipo. Pero para lograrlo, necesitará crear una inercia positiva. En otras palabras: victorias recurrentes. Y eso, justamente, fue lo que necesitó el estratega azucarero para cada una de sus ideas. De momento, 3 goles encajados en 180 minutos. De momento, rendimientos individuales irregulares. Pero lo más importante: de momento, dos victorias; una muy tranquila y otra in extremis.

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