Atlético Bucaramanga estrena en el día de hoy a su tercer director técnico del año y a su quinto en menos de 24 meses luego de alcanzar el retorno a Primera en noviembre del 2015. Tras las aventuras de José Manuel Rodríguez, Flabio Torres, Harold Rivera y Fernando Castro, llega Jaime De la Pava, un entrenador de raíces coherentes y cero extremas. El caleño, de dos preferencias en cuanto a número telefónico, es de invertir en propuestas que no atraen de buenas a primeras, pero que van ganando personalidad semana tras semana y generando empatía. Sin embargo, De la Pava está ante la decisión más grande de este semestre para el futuro leopardo: el 4-2-3-1 o el 4-3-1-2. Porque en sus maneras sí tiene total correlación el esquema con el estilo.

La línea de tres mediapuntas: intención con balón

De la mano del 4-2-3-1, se aprecia el ideario futbolístico propositivo del caleño. En él, la inversión de pases y esfuerzos, por ejemplo, en su circuito asociativo es tanto nítida como reconocible. Es decir, cierra a los extremos, autoriza a un pivote de descolgarse y suelta al enganche. No en vano, el ‘9’ sale hinchado de goles –Carlos Ibargüen o Miguel Borja–. El rompecabezas se completa con un equipo más junto, que pretende progresar y retroceder de forma más grupal. Por desgracia para el sistema, la duda surge de cómo será capaz de mantener la profundidad, pues Henry Obando está sufriendo constantes lesiones, Lewis Ochoa no es Mateo Puerta, Fabio Rodríguez llega menos a línea de fondo cada año y tanto Juan Manuel Sánchez como Sergio Romero se quedan cortos con lo pedido. La solución se puede hallar en José Chivirico Cortés, pero queda mucho para descubrir su nivel, sobre todo atacando en parado.

La línea de tres pivotes: intención reactiva

De la mano del 4-3-1-2, el principal propósito es un fútbol vertical y directo. Sin incurrir en pelotazos, los equipos de De la Pava miran constantemente a su punta para avanzar. En este sentido, con Franco Arizala a disposición, encaja la idea, pues se trata de un ariete alto, fuerte y potente. Además, el dibujo suma un hombre más en la medular, buscando congestionar esa zona del campo y ganar en superioridad, y otro más en punta, logrando una integración complementaria con el delantero más avanzado. La duda, como cabe de esperar, surge en el enganche, Jhon Pérez, de golpeo formidable pero mente corta para gestionar y canalizar el juego del Bucaramanga.

Lo de Jaime De la Pava en el Alfonso López será otro gran reto relacionado con el descenso en su carrera. Porque no es sólo la elección estilística, sino la adecuación al momento, contexto y lugar. Eso sí, buen entrenador, a las claras, hay detrás. Pero la plantilla no va sobrada de recursos, el equipo trabajó toda la pretemporada sobre una misma línea y el mercado de pases, próximo a reabrirse, pocas cosas puede resolver ya. Entonces, ¿cuál decisión tomará para que el Atlético Bucaramanga se parezca a imagen y semejanza suya? Pendiente de conocer la respuesta a esta pregunta, ya hay una certeza: es el equipo de De la Pava.

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