Para espacios de análisis y periodismo deportivo como El Dorado Magazine, en los cuales se propugna un enfoque sobre lo táctico, una crítica común concierne a la importancia que a menudo le dedicamos los escritores de estos espacios a la figura del entrenador. El fútbol sostiene una versión popular de la crítica: «es de los jugadores y no de los entrenadores». Sin embargo, es importante destacar que son pocos los escritores de cualquier medio o inclinación que estarían en desacuerdo con esto. Basta el talento individual de un futbolista para cambiar el rumbo de un campeonato entero. Está claro. O en el caso de los Messi y los Maradona, para alterar por siempre el desarrollo táctico del fútbol mismo. Lo que pasa es que en espacios como este se maneja la misión de discutir e ilustrar aspectos sutiles, a menudo tácticos, que muchas veces pasan desapercibidos, pero que, creemos, enriquecen muchísimo la observación del deporte. Cada equipo cuenta con piezas únicas, distintas en habilidades, encajes y, por supuesto, calidad. La labor del director técnico, entonces, es la de trazar un plan para que estas piezas, yuxtapuestas las unas a las otras, maximicen las posibilidades de ganar.

Todo esto es importante para hablar de Junior porque el conjunto barranquillero se ha convertido en una interesante exposición de ambas caras de la moneda. El cuadro de Julio Comesaña ha obtenido todos los resultados que ha necesitado. Es indiscutible. No obstante, Junior no juega bien. Ha conseguido muy buenos resultados gracias a la genialidad individual y simbiótica de Teófilo Gutiérrez y Yimmi Chará. Sin embargo, el uruguayo se ha mostrado reservado y desacertado a la hora de implementar matices tácticos que faciliten la actuación de estas y otras piezas. El equipo tiene muy poca continuidad con pelota, cero profundidad, e irónicamente, a menudo, hasta le cuesta proliferar asociaciones entre Cha-Teo. Muy poca complejidad. No obstante, Comesaña ha dado con una movida exitosa, y ésta le ha dado suficiente coherencia a su equipo con balón como mantenerlo sostenible hasta el día de hoy: la implementación de Sebastián Hernández como pivote.

Hernández parece haber sido descubierto por Comesaña: le encontró lugar para no restar tácticamente y para sumar continuamente con balón

La calidad en ciertas áreas de Sebastián Hernández jamás se ha puesto en duda, pero desde su llegada a Junior su continuidad había sido limitada hasta este semestre. No sólo carecía de la capacidad para imprimir un ritmo sobre el juego, sino a veces, de cualquier habilidad para repercutir. Estas falencias se derivan posiblemente de fallas a la hora de orientarse tácticamente. A pesar de gozar de dotes técnicos que a menudo asociamos con el dominio táctico del juego –control digno de ser utilizado para el cambio de juego rápido y la pausa, rango de pase para dirigir–, Hernández no sabía a dónde llevar la pelota y no sabía a dónde moverse para recibirlo. Es por eso que Comesaña lo movió a la primera línea: con una posición fija, y con Chará y Teo por delante, tanto la localización de su persona como la orientación de sus pases queda mucho más clara y menos abierta a la interpretación.

Desde la primera línea Sebastián Hernández es determinante. Se hace mucho de la pelota, y por técnica y ritmo de juego dentro de estas circunstancias, no se le dificulta en lo absoluto encontrar al receptor correcto. Para el contrincante, teniendo en cuenta lo que hay en líneas adelantadas, esto es un problema. Para Junior, no obstante, hay un problema en este mecanismo también. Sin otros automatismos complejos definidos para sacar la pelota, Hernández se ha convertido casi en opción única, por cuyos pies debe pasar el balón antes de que el equipo halle cualquier claridad. Esta falta de alternativas es una vulnerabilidad; una que ya quedó expuesta ante el asedio del mediocampo tanto de Atlético Nacional como del Deportivo Cali. Sin la opción que solía dar Alexis Pérez con su técnica en el pase largo, Comesaña necesitará considerar mecanismos de salida utilizando a otros futbolistas (Piedrahita u otro volante, por ejemplo) o ir incorporando a Víctor Cantillo al plantel más pronto que tarde. Ahora mismo, sin embargo, ambas opciones parecen poco probables.

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