Andrés Rentería se quedó a mitad de camino en su paso por la Liga MX. Si su desembarco en México hacía pensar que su velocidad, explosividad, habilidad en el uno contra uno, capacidad realizadora y flexibilidad para jugar en cualquier carril podían ser argumentos de peso para convertirlo en una estrella del campeonato mexicano, poco a poco fuimos descubriendo que a él le gustaba más recibir al pie, conducir hacía portería de forma diagonal, definir al palo largo, pero todo de manera inconstante. Al final, la sensación que sobrevoló fue que Rentería se quedó entre dos tierras, entre el jugador que le dijeron que podía dominar y el jugador que realmente quería ser.

Rentería llega a Nacional con la obligación de llenar su potencial

A pesar de que en 2015 fue un titular indiscutible en el campeón Santos, el Topo apenas tenía incidencia en un sistema que le podía hacer lucir. Pedro Caixininha concebía a ese equipo bajo un mecanismo muy simple: Néstor Calderón cruzaba balones para que Djanniny Tavares impusiera su físico influyendo ante el lateral rival. De esto modo, Rentería podía ser el jugador en el lado débil para aprovechar las atenciones que el africano demandaba; sin embargo, Andrés no fue eso. Y, pese a que su fútbol se relacionaba más con el balón, tampoco fungía como punto de apoyo en escalones intermedios como lo hacía, por ejemplo, su ex compañero, Darwin Quintero, para mezclar un poco de pausa con el juego súper directo de su equipo. Y aunque su calidad en la definición ante el portero rival sí era destacada (golpeos con sutileza a los ángulos dignas de cualquier especialista de la liga), sus cifras fueron quedándose cortas. Quizá por estas razones, ni en sus últimos partidos en Torreón ni en su breve paso por Querétaro, el antioqueño logró imponerse. Al final, a sus equipos no les compensaba un jugador que no era lo suficientemente profundo como otros, que tampoco participaba en demasía en el juego y que no intimidaba frente a la otra portería.

No obstante, Rentería es lo sobradamente joven para recuperar el estatus que algún día tuvo. Porque, volviendo al inicio, sus cualidades siempre insinuaron un potencial de figura del torneo azteca. Si Lillo le seduce sobre lo que debe ser, y le obliga a dar un paso al frente, su carrera aún está a tiempo de despegar.

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