A Miguel Ángel Russo le entregaron un volcán que hacía erupción por las bandas con la ilusión de coronar un proyecto de campeón. Era el Millonarios de Diego Cocca, un equipo frenético y decidido que se servía de los Deiver Machado, Andrés Escobar y Maxi Nuñez para arrollar desde la periferia. Entonces Russo, ya sin Manga Escobar pero con Elíser Quiñones, se sostuvo en la idea de canalizar la furia albiazul en la línea de cal.

Russo ha mantenido el juego por bandas de la era Cocca

La declaración de intenciones del entrenador argentino no engaña. Todo parte de su doble pivote, John Duque y Henry Rojas, quienes juegan a perfil cambiado: el diestro por izquierda y el zurdo por derecha, lo que se traduce en que cada balón que pasa por sus pies tiende a buscar la banda. La cal, donde enciende la luz del alma embajadora.

Y es que los recursos en las bandas de Millonarios, en clave FPC, no han sido poca cosa. Al escurridizo Maximiliano Núñez le sobra veneno en sus centros; la zancada tan colombiana de Elíser Quiñones llegó a infundir temor por momentos; y Deiver Machado, fabricante de profundidad con su manual de juego de ataque, llegó a ser el lateral zurdo más cotizado del país.

Entre tanto, sin bombos ni platillos iba asomando un joven de la cantera embajadora, un extremo voluntarioso y puntual que fue sumando minutos y mimos de su entrenador. Harold Santiago Mosquera se hizo presente en los momentos en que Russo más dudaba, y tuvo su noche consagratoria en la semifinal por Liga el semestre pasado, ante el rival que más ansía la grada albiazul, Atlético Nacional, y en la cancha que más le pesa, el Atanasio Girardot.

En el nuevo sistema de Millonarios, Mosquera flota con libertad

Por lo demás, y con la partida de Deiver Machado al fútbol belga, las esperanzas de Millonarios y su siguiente gran proyecto de futbolista están puestas en Mosquera. Y es que el nacido en Buenaventura tiene técnica, pachorra y olfato para punzar al rival en su talón de Aquiles. No es un regateador profeso pero sabe proteger el balón. No es veloz pero sabe acelerar. No tiene cifras de artillero (escasamente cumple un año como profesional) pero deja anotaciones de gran factura. Y todo esto a Russo le renta.

Por eso, por primera vez desde que Millonarios es el Millonarios de los extremos, Russo le ha dado licencia a esos mismos extremos para volar libremente, indistintamente de la zona del campo. Lo que no es otra cosa que un guiño para Mosquera, una rienda suelta a su intuición para ocasionar daño.

Así, en menos de un año, el de Buenaventura ha pasado de ser un parche del sistema a ser el abanderado del mismo. Del caney al bulevar. Y con Mosquera alzando vuelo, Millonarios sueña ser una canción alegre que a Jairo Varela le hubiera gustado componer.

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