No existe en el fútbol colombiano un fenómeno tan condicionante a día de hoy como lo es la dupla que está en boca de todos: Teófilo Gutiérrez y Yimmi Chará. Para Héctor Cárdenas la clave del partido de vuelta por Copa Sudamericana estuvo ahí, y firmó con sangre que la pareja rojiblanca no haría de las suyas en el Metropolitano. Así, el entrenador azucarero ideó un escrupuloso dibujo para desconectar a Teo-Chará. El costo: dejar en el banquillo a su mejor jugador.

Cárdenas apostó por un plan defensivo sin Benedetti

Con un trivote defensivo en el medio (Giraldo-Pérez-Aguilar) más Roa y Sambueza cumpliendo en las bandas, el Deportivo Cali llevó el partido a un escenario que Héctor Cárdenas ha demostrado conocer: forzar un ritmo alto de juego. Los duelos en el centro del campo, en líneas generales, presentaron un balance favorable para el visitante sobre todo en los primeros 45 minutos.

La presión azucarera, permisiva en campo contrario pero oficiosa en el propio, obligó a Leonardo Pico y Sebastián Hernández a tomar decisiones en poco tiempo, lo que puso en aprietos tanto a ellos como al Junior. Como agravante estuvo la horizontalidad del mediocampo tiburón, a lo que contribuyó la falta de lectura de James Sánchez y derivó en una escasez de alturas por las que progresar en terreno del Cali. Y aunque las escapadas de Teófilo iluminaban el camino, el doble pivote no tuvo la velocidad necesaria para sacar provecho de los espacios que abría el barranquillero.

Andrés Felipe Roa condujo, defendió y lideró

La lectura que careció la primera línea del medio de Atlético Junior la mostró Marlon Piedrahita con un par de incorporaciones en ataque que aclararon el panorama para los de Julio Comesaña. Su puntualidad inclinó a su favor el duelo con Jeison Angulo. Sin embargo, Junior no terminó de sacar rédito de esto porque Andrés Felipe Roa retrasó su posición para multiplicar las ayudas defensivas verdiblancas. El despliegue del 10 fue monumental, pues también fue él quien condujo los poquísimos contraataques que tuvo el Cali. De sus botas nació el gol y la ilusión azucarera.

Para la segunda mitad, Julio Comesaña echó mano al banquillo para remediar su falta de juego entre líneas. El elegido fue Leiner Escalante, quien sólo con situarse ahí donde James Sánchez no entendió que debía, hizo que el plan defensivo del Cali entrara en conflicto. La posición de Escalante liberó a Teófilo Gutiérrez y Yimmi Chará del juego entre líneas, les permitió sumarse a Roberto Ovelar e invadir el área azucarera a placer. Dicho de otro modo, la situación se tornó de tres delanteros del local contra dos centrales del visitante.

Los cambios de Cárdenas fueron coherentes con su planteamiento

Héctor Cárdenas recompuso con la inclusión de John Lucumí en el área a costas de despoblar la zona que había sido su sostén defensivo: el mediocampo. Nuevamente no tardó en recomponer renovando energías con Kevin Balanta. El Deportivo Cali se despidió de la Copa Sudamericana por la vía de los penales. En todo lo demás, el equipo de Cárdenas supo retratar al Junior a su justa medida: un equipo de individualidades que pide a gritos un engranaje colectivo.

Fotos: RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images

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