Para llenar el vacío de Andrés Felipe Ibargüen, Atlético Nacional versión 2017-II hizo la apuesta que pudo, mas no necesariamente la que quiso. Dicho esto, es escalofriante saber que esa apuesta que pudo no es nada menos que el extremo más prometedor del momento en la Liga, en una nueva muestra de persuasión de una cartera que todo lo puede. Sin embargo, si el fichaje tiene algo de resignación es porque Jeison Steven Lucumí, el nuevo puntero de Atlético Nacional, guarda una distancia no menor en calidad respecto a su predecesor. Así, el caucano de 22 años llega a la capital de la montaña con un reto mayúsculo por delante: mantener la alegría para una banda izquierda que conquistó América. El reto de su carrera.

Nacional pierde su recurso para esconder el balón

Si valoramos el fichaje que nos atañe en términos de calidad, lo normal es que Nacional reduzca una marcha a comparación de lo que venía siendo su extremo. A Andrés Felipe Ibargüen lo conocimos por su magia; por tener siempre una jugada titular y otra suplente; por ser, en definitiva, un regateador consumado. Su repertorio técnico le permite esconder la pelota o desbordar a placer.

Jeison Lucumí, en contraste, tiene más zancada que finura en su gambeta. Sus carreras salen unas veces bien y otras mal,  lo que significa que sus posibilidades de acierto no son las mismas del nuevo jugador de Racing de Avellaneda. Por cuestiones técnicas, a Lucumí se le ve perder balones con indeseada regularidad. Ése es el lunar de su fichaje.

No se antoja inmediata la adaptación de Lucumí a Lillo

Un segundo apartado que merece especial atención para medir el traspaso de Jeison Lucumí es el táctico, y más siendo Juan Manuel Lillo su nuevo entrenador, abanderado de una cultura de juego hiper-específica. Aquí nuevamente las apuestas no son tan favorables para el caucano, haciendo la salvedad que esto puede cambiar en el mediano plazo según su adaptación al modelo de Lillo.

La razón para esto es que el entrenador español demanda de sus extremos una disciplina posicional sin término ni condiciones, delegándoles la irrevocable tarea de participar en el juego no necesariamente con el balón, pero sí estirando la cancha a favor del juego central. Esto, para Lucumí, implica desaprender buena parte de su fútbol, siendo él un extremo al que le gusta buscar libremente el balón y llevarlo de una banda a otra, al igual que su predecesor Andrés Ibargüen. En este sentido, la pizarra de Lillo no gana con Lucumí, pero tampoco pierde más de lo que perdería si Ibargüen siguiera siendo su extremo.

El nuevo puntero verdolaga sí tiene gol

Finalmente, en el plano donde definitivamente Nacional gana con su nuevo extremo es en determinación. Ya desde el Sudamericano sub-20 en Uruguay, Lucumí sentó precedente de su chispa para rematar. El caucano no desaprovecha oportunidad para arremeter latigazos, justamente lo que reclamaba la figura de Andrés Ibargüen para bordar lo idílico. Sus conducciones pueden llegar a prender más alarmas. Lucumí busca el gol, y esa será la carta a la que se aferre para ganar tiempo en el gran reto que está por empezar. El reto de su carrera.

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