Atlético Nacional ha apurado el mercado de contrataciones en la última semana. Consciente de la calidad perdida con las ventas de Matheus Uribe y Andrés Felipe Ibargüen, el verdolaga fue a por sus opciones. Y en una de esas se fijó en el centrocampista venezolano Ronaldo Lucena, de fantástico desempeño en el reciente Mundial sub-20 y en el que hay puestas muchas expectativas en clave selección absoluta. Sin embargo, a lo que nos apaña, abordaremos su llegada desde el marco estrictamente verdolaga y, por supuesto, del libreto de Juan Manuel Lillo.

Ronaldo Lucena, a priori, encaja a la perfección

De fútbol aseado, toque progresivo y lectura precisa por lo general, Lucena siempre ha destacado como segundo o tercer miembro en el centro del campo. En ese sentido, y con los fichajes tanto de Gorka Elustondo como de Raúl Loaiza, se descarta casi por completo su posible ubicación como mediocentro único, por lo que su sitio estaría en el que actualmente ocupa Aldo Leao Ramírez. Omitiendo los comportamientos individuales que tengan y favorezcan el uno del otro, Ronaldo es mucho menos canalizador de juego. Es decir, no consume tanta pelota como Aldo Leao. Pero esto mismo, concretamente y desde lo abstracto, no es lo que busca Lillo del venezolano. Aunque Nacional, con balón, tiene ideas, le está costando fluir como principio de juego de posición. Mismamente, mover defensas que se paran con cierta intensidad y orden. De este modo, yendo sobrado de calidad técnica y de cerebro, Lucena le posibilitará jugar a uno o dos toques, soltará la bola con timing y ayudará en la formación de triángulos.

Su golpeo de balón hace muchas cosas, tanto en parado como en movimiento

Y no es exagerado pensar esto. Ronaldo Lucena, con 20 años, es un coco del juego. A su particular carácter para no esconderse jamás, lo acompaña un sentido asociativo superior a la media de su joven edad. Y más que en corto, en largo. Porque lo primero que hace cuando controla, recibe y mira, aplicando su magnífico golpeo, es buscar al compañero más alejado, que suele ser también el que más espacio tiene para dañar al rival. Y en estas primeras jornadas de curso a Nacional le está costando explotar el lado débil. Para llegar allí, está necesitando dos o tres pases horizontales, o retroceder con Henríquez. Así que el cambio de orientación de Lucena, sobre todo para exprimir situaciones de aclarado con Steven Lucumí, Andrés Rentería o Rodin Quiñones, será un aire del que pedía el sistema verdolaga.

La historia de Ronaldo Lucena con Atlético Nacional dependerá de si es capaz de mantener la paciencia que ha venido mostrando desde su debut profesional. Porque en el verde de la montaña jugará al lado de Alexis Henríquez y Macnelly Torres, futbolistas que por experiencia exigen muchas más cosas que cualquier otro. Con Yangel Herrera no tuvo mayor problema. De hecho, existió una gran armonía en suficientes aspectos como para no creer lo contrario. Así que deberá hacer lo que mejor sabe cada vez que participe: cambiar a bien el desarrollo de la jugada. Porque cuando el balón le llega a Lucena, algo cambia. No desde una cuestión definitiva, pero sí tiene un impacto directo en las jugadas, que se (des)aceleran o extienden. Desde lo teórico, todo suena coherente. Tácticamente, Nacional será un termómetro para el nuevo proyecto de la vinotinto. Porque, técnicamente, sabemos con nitidez de su infinito límite.

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