Es común relacionar, e incluso reducir, inmediatamente a Lillo y su propuesta en Nacional a la de un equipo que quiere tener mucho el balón a través de la asociación. Aunque la respuesta, en cierta medida, puede ser correcta, la verdad es que presenta una imagen tan incompleta del proceso en el que está trabajando el cuadro verdolaga como decir que el objetivo es jugar 4-3-3 o cualquier otra combinación numérica. Es una definición tan precisa como describir una gallina diciendo que tiene pico, pluma y alas, como un pingüino, un águila o un azulejo. Por ejemplo, tanto Junior, su rival de esta tarde, como Nacional, son equipos que buscan atacar a través de cadenas largas de pases y, aun así, hay diferencias siderales en la forma en la que uno y otro lo hacen: una de las más grandes es la importancia que tiene el ritmo para uno y otro.

Nacional no solo se pasa el balón: necesita pasárselo con unas condiciones muy determinadas

Johan Cruyff, que de una u otra forma fue un precursor de este método de juego, decía que lo importante en su fútbol era el ritmo y la posición. Con lo primero se refería, más que nada, a la velocidad en la que el balón viaja a ras de pasto y la continuidad de dichos viejos a esa determinada velocidad. Nacional, a diferencia de otros equipos que buscan el fútbol asociativo, necesita que esa circulación de pelota sea lo más rápida posible, del ritmo más alto que pueda. Cuando Pep Guardiola se quejaba del estado del césped no lo hacía por una cuestión baladí: el juego de su equipo se resentía si el campo no permitía que la pelota alcanzase el ritmo adecuado. En Colombia, Lillo se enfrenta al problema de campos irregulares y de grama alta y seca, condiciones contrarias a las que necesita para que Nacional pueda mover el balón como él quisiera. Salvo, quizás, un estadio: el Metropolitano de Barranquilla. La casa del Junior, con su Bermuda 419, la misma que es utilizada en los mejores campos de Europa, sí presenta las condiciones ideales para que Nacional pueda desplegar su juego de pases tensos y posiciones fijadas. Narnia.

En pasados partidos, aunque se ha notado que Lillo ha venido introduciendo variantes que se adaptan a la plantilla que posee y a la liga, Nacional ha tenido momentos irregulares en los que el estado del campo le complicaba su apuesta ofensiva. Contra Junior, por primera y quizá única vez, tendrá el escenario perfecto, como si se tratase de una noche europea, para mover el balón sin ningún otro impedimento que las limitaciones tácticas y técnicas que pueda poner. Podremos ver qué tan ajustado está el modelo de juego porque si Nacional hace que el balón vuele todo lo que puede hacerlo en un pasto de tanta calidad, y cumple con los principios del juego de posición a cabalidad, la poca intensidad de Junior pondrá en muchos problemas al cuadro tiburón. Y además un tema: si Nacional asienta sus posiciones con facilidad, el calor de Barranquilla tendrá un efecto menos desgastante.

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