Para remontar el 1-3 en contra ante Racing de Avellaneda, Independiente Medellín hizo todo cuanto estuvo a su alcance. El gran lastre para la contienda fueron las bajas sensibles de Valentín Viola y Juan Fernando Quintero, además de Christian Marrugo y Andrés Mosquera, transferidos en los últimos días al fútbol mexicano. Con todo y el notable bajonazo  de calidad en su onceno, el DIM compitió en el Atanasio Girardot a punta de cohesión de equipo, una materia pendiente para el poderoso de la montaña desde hace meses.

Sin su XI de gala, el Medellín se aferró al juego colectivo

Los primeros minutos del encuentro encendieron la ilusión en el Valle de Aburrá a partir de Eduard Atuesta, a quien la inspiración tocó a su puerta para liderar la remontada. El santandereano, esta vez con licencia para participar a placer, ejerció de mariscal de campo en la gestación de los ataques del DIM. Más allá de la novedad de la noticia, lo llamativo estuvo en su sintonía con Didier Moreno, quien cedió su lugar a merced del 16.

Más adelante, lo que encontraba Atuesta en frente era una paleta de caminos nada despreciable. Édinson Toloza, lejos de ser un futbolista reconocido por asociarse, lo intentó. A su vez, los apoyos habituales de Leonardo Castro no se hicieron esperar y, junto a él, Daniel Cataño.

A partir de una salida de balón a lo menos decente y un Racing especulativo en exceso, Independiente Medellín pudo encontrar en buenas condiciones a Mauricio Molina, quien llegó a tirar 3 asistencias en la primera mitad del encuentro. Además, Molina tuvo siempre la opción de profundizar por izquierda con Yulián Gómez, que gozó de gran libertad gracias a un Cataño que bien supo liberarlo de marca.

Leonardo Castro está recuperando sensaciones

La armonía colectiva del DIM fue coronada por un Leonardo Castro revitalizado. Además de su lectura prodigiosa habitual, intercalando entre apoyos y ataques al segundo palo según la ocasión, el caucano dejó una serie de gestos con balón que dejaron buen recuerdo a su versión pre-lesión. Con toques de primera, venenosos, quiebres en una baldosa y dos dianas, Castro bordó una de sus grandes noches en el Atanasio Girardot.

Por su parte, el equipo dirigido por Diego Cocca jugaba un partido exageradamente contemplativo, dependiente en exceso del estado de ánimo que le fuera deparando el devenir del encuentro. Encontró su oportunidad en el ocaso de los primeros 45 minutos, marcando un gol con muy poco.

¿Marcar un gol con poco? Eso suena familiar. Es lo que hace Juan Fernando Quintero en el día a día. Lo que el DIM, luego de comportarse como un colectivo de verdad, terminó pidiendo a gritos. Independiente Medellín se despidió de la Copa Sudamericana. No le bastó con la armonía de grupo que tanto trabajó. Esta vez la falta de magia hizo la diferencia.

Fotos: JOAQUIN SARMIENTO/AFP/Getty Images

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *