Ante el líder e invicto con doce puntos de distancia sobre su inmediato perseguidor por el Brasileirão, Patriotas regaló una imagen más que esperanzadora. Fueron 180 minutos de cero especulaciones, de enorme ambición y de una preparación casi perfecta. Era, a corto plazo, y tras eliminar a Everton en primera ronda, el partido por el que esperaban en este segundo semestre. Y así lo hicieron saber. El conjunto boyacense fue fiel a sí mismo y a un proceso que inició años atrás con Harold Rivera y que hoy continúa en manos de Diego Corredor. Un proceso que es la clave del éxito actual con clasificaciones a las finales del campeonato local y a torneos internacionales. Un proceso que parece enseñar el sendero conductor de los no-grandes para su permanencia, estabilidad y aventura continental.

Tres fallos en defensa le costaron la eliminatoria

La puesta en escena de Patriotas no se separó de lo esperado. Desde la ida en Tunja hasta la vuelta en Brasil, los de Corredor se ajustaron a las virtudes de Corinthians y expresaron las suyas, que parten desde la simetría. Con el dúo de centrales conformado por Danilo Arboleda y Óscar Cabezas, quienes conjuntan condiciones, físico y personalidad, pero que todavía pecan de ingenuidad, Patriotas ocupa una latitud media en el campo. Es decir, ni juega con la línea defensiva adelantada ni la recuesta sobre su cancerbero Álvaro Villete. Sólo fueron 28 minutos, en el Arena Corinthians, en los que verdaderamente estuvo en situación de acoso y derribo. En los que no coló ni un solo contragolpe. En los que no la olió. Y pese a ello, tanto la pareja de zagueros como el resto del equipo lo manejó bastante bien. Sin embargo, el choque arrojó un diagnóstico evidentísimo: Patriotas tiene un gran déficit de contundencia en ambas áreas.

Ni Valoyes, ni Ibargüen ni Mosquera definieron las que tuvieron

Porque no fue sólo lo que aconteciera en su zona de gatillo, sino también en la del rival. Ya no hablamos de un gran goleador o de alguien que logre imponerse con continuidad a las defensas rivales, pues es algo que está fuera del alcance económico del club, sino más bien de una mera presencia. La nota común de Patriotas ha sido la salida exterior aprovechando la profundidad y aptitud ofensiva de Murillo/Pretel y Carreño, sus laterales, lo que derivaba en que todo naciera por fuera y acabara con un centro lateral, que se traduce muy poco en remate. Quizás en Colombia, por los problemas de posicionamiento y en el juego aéreo, se vea más potenciada esta fórmula. Pero en la Copa Sudamericana, no. Patriotas fue capaz de mirar cara a cara a Corinthians, de arrinconarlo sobre Cássio, de completar una buena media docena de posesiones de calidad, de darle continuidad a su ataque recuperando en campo ajeno… pero de rematar sin ningún especialista.

Patriotas necesitaba pasar por un lance como este. Comprobó un modelo y constató carencias, una conclusión igual de bonita como de dura. Pecó de puntualidad y pegada. Rozó la machada. Y para lograrla, Sudamérica exige un aprendizaje. Para una próxima, de seguir este camino, estará más maduro. Es un club diferente. Un club paciente y ordenado. Un club romántico. Y así lo transmiten.

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