A Harold Preciado lo extrañaron a raudales en Palmaseca. Su aparición fue la de un hombre nacido para el gol, y así mismo fue el sentimiento de orfandad de la gran cantera de nuestros tiempos ante su partida. Para remplazarlo, el Deportivo Cali no tuvo dudas. Al mirar atrás en busca de un igual, un centrodelantero que derribase defensas cual toro en estampida e inflase redes en el día a día, todos los caminos condujeron a un nombre: Jefferson Duque. El antioqueño llegó para replicar sus años mozos en Atlético Nacional y entonces extrañar menos al goleador que se fue.

Luego de su primera temporada en el azucarero, sus números no son nada despreciables si se tiene en cuenta la lesión que sufrió durante el curso. No obstante, es en las sensaciones que ha transmitido en su estadía en el Deportivo Cali donde asaltan las dudas. Y es que de aquel delantero capaz de unos desmarques demoledores, bendecido con un olfato letal y dominante en el área como pocos, no hemos visto ni la sombra. Al antioqueño le ha costado montones reencontrase con la potencia de antaño y, en consecuencia, prueba menos diagonales. No está proyectando peligro constante, y de ahí que las impresiones en la delantera verdiblanca no sean de superioridad.

Además de su pólvora mojada, Duque no logra armonizar con el crack del equipo

En clave Nicolás Benedetti, el presente de Jefferson Duque es un asunto de primera importancia. Ya desde su esencia misma, la figura de Duque entra en conflicto con Benedetti al ser el primero un ariete puro, ajeno a la idea de abandonar el área en pos de facilitar la llegada a zona de remate del segundo. Si bien la titularidad del centrodelantero antioqueño se entiende por otras cosas que sí podría brindar, como sus carreras a portería para disparar las cifras de asistencia de Benedetti, es justamente en este punto donde cabe preguntarse si Duque está en capacidad de reencontrarse con aquella versión.

Por ahora, a Jefferson Duque se le ve menos ágil que en otros tiempos. Todo lo contrario pasa con Miguel Murillo, que va como un rayo indistintamente de la zona en que la jugada lo requiere. Y semejante contraste es la causa del dilema que embarga a Héctor Cárdenas. ¿Duque o Murillo? ¿Murillo y Duque?

Es de suponer que, para el entrenador del Deportivo Cali, las cifras y copas que lleva Duque en sus hombros y la ilusión de que vuelva a ser el que fue influye definitivamente en su decisión. Pero lo cierto es que, a día de hoy, los goles del Deportivo Cali no están en el 9 sino en el 21, y cuanto mejor lo rodeen, tanto más goles lloverán.

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