Cardona quería jugar en Boca. Tenía todo listo para firmar con el Pachuca, pero echó marcha atrás y hoy su nueva casa es La Bombonera. Para el colombiano de su generación, el fútbol argentino representa el cielo. El lugar al que hay que ir y demostrar. Edwin, que es crack, se sabe crack y quiere ser recordado como tal, vio en la azul y oro la piel perfecta. Ahí encontrará un escaparate para sus gestas y el mundo Boca un jugador de los que mueve su fibra, de los que con suerte se convierten en ídolos. A julio de 2017, parece un noviazgo de aquellos en los que uno se jura amor eterno.

Cardona encaja como un guante en la idiosincrasia de Boca

Tras un debut juvenil y precoz, un par de años sin rumbo y un regreso a casa por la puerta de atrás, Edwin Cardona se convirtió en el futbolista que se esperaba que fuese y del que ya no se tenía ninguna esperanza de ver. Cuando inició su carrera en Nacional en 2009, su figura era extraña: alto, flaco, desgarbado y con un centro de gravedad bajo. Pero la pelota la ponía chiquita como un corozo. Cuando volvió, estaba gordo. Sin eufemismos. Entre el niño de 16 años y el pibe de 21, había una diferencia en kilos que era indirectamente proporcional a la de ilusión que generaba. Y quizás eso era exactamente lo que necesitaba Cardona en ese momento: que nadie esperase mucho de él. Lejos de su originario rol de enganche, el nuevo jugador de Boca se adaptó a la banda izquierda. Sin la responsabilidad de tener que organizar el juego, el sistema de Atlético Nacional explotó sus virtudes: un tipo que no perdía la pelota porque su técnica, ahora ayudada por su voluminoso cuerpo, le ayudaban a esconderlo y defenderlo a pesar de no tener mucha velocidad; un control del balón para gambetear y eludir rivales propio de un torero; y sobre todo un disparo de media y larga distancia fenomenal. Comenzó a decidir partidos, se consolidó, aumentó su confianza y se convirtió en el factor diferencial de un Nacional que fue favorito para la Libertadores de ese año y que rozó la gloria continental en la Sudamericana seis meses más tarde.

En México, su juego mejoró. Cardona es, más que nada, un mago del balón que hace jugadas espectaculares que ganan partidos. Y en México afianzó ese fútbol, pero en una liga que es más rápida, tiene menos espacios y propone sistemas defensivos más hechos. Tuvo que afinar su figura y su técnica. Luego, en la selección, ha demostrado ser incluso mejor futbolista: se adapta a diferentes posiciones y roles sin problema, con más o menos peso creativo, más o menos cerca del área; se sacrifica en defensa, el choque y el juego rústico; y aparece como llegador para definir con calidad y precisión más que con violencia. Es un mago que aparece siempre.

Sus cualidades se adaptan a las necesidades del equipo

Su llegada a Boca Juniors coincide con un momento de quiebre en su carrera. Es el momento en el que definirá si todavía le queda una evolución más como jugador global, o sí esta es su versión definitiva en cuanto a forma. Su encaje en el equipo de Guillermo Barros Schelotto se antoja fácil, tanto por su regularidad como goleador y asistente, a pesar de que su último pase todavía necesita ser pulido, como por su acople al 4-3-3 de Boca desde la izquierda, ya sea en la línea del mediocampo o en la delantera. Y su comunión con lo que el hincha xeneize espera de un jugador como él es total: Edwin Cardona es de los cracks que se visten de obrero y superhéroe. Idílico.

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