El diablo tiene muchos trajes, pero solo se oculta tras un rostro. Sus dos perfiles oscilan entre la incertidumbre y el gozo. Es un equipo de crujiente madera en la salida del balón, pero de firme mármol una vez supera esta fase del juego. El atasco inicial para empezar jugando que le produjo el Deportes Tolima hizo que Carlos Lizarazo fuera el encargado de iniciar las jugadas, tanto tenía que bajar a sacar la pelota el volante ofensivo que necesitó de un Darío Bottinelli flotante y activo en la zona media, de unos laterales tan arriba como extremos, y de un William Arboleda que, a pura interpretación sin límites, guió de manera brillante la dirección de los ataques.

Para cualquier rival mirar el diablo a la cara será sinónimo de sufrimiento.

Juan Camilo Angulo e Iván Vélez atacan a martillazos. Abiertos y participativos se mezclan como un par de volantes más, la idea es que toquen mucho balón en la fase definitiva. En este fútbol de espacios esto permite que los volantes ofensivos casi que no ‘pierdan tiempo’ recibiendo afuera. Con la posición centrada y su visión de juego, además del continúo movimiento típico de los delanteros de un equipo de Hernán Torres, el ataque americano es la ocupación precisa de espacios en la cancha. En algún punto los genera, en otro simplemente los toma. Usa, y bien, lo que le conceden. Todo parece estar donde tiene que estar. Sin embargo, ubicarse es solo una parte del trabajo, la otra es hacer que ese espacio juegue. Ahí, el pase de Arboleda. El pase, así en general y sin precisiones, porque dio tantos y tan buenos que en estos casos no hay mejor reconocimiento que sacrificar la palabra.

Rafael Carrascal hizo tambalear al América de Cali.

Nunca hay que perder la oportunidad para mencionar el talento que tiene Rafael Carrascal. Él fue el culpable del padecimiento americano en el primer tiempo dejando claro que tiene un sentido del balón de la más alta estima en el continente. Sí, da para tanto. Hernán Torres movió a Johnny Vásquez, acompañante de Arboleda en el doble cinco rojo, en el segundo tiempo solo para incomodarle el dominio de las jugadas porque estaba generando un desastre de cada perdida de balón del local.

El arte tiene que ver también con la naturalidad y con el timón de las sensaciones. La pelota, como arte que es, sacude la palabra y retuerce la mirada. Un equipo de fútbol solo es realmente bueno, y este América lo es, cuando juega con la espontaneidad que solo se percibe en una hermosa progresión de acordes. O de pases.

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