La temporada pasada, en los últimos meses de competición, el Independiente Medellín de Luis Zubeldía alcanzó la dependencia absoluta con Juan Fernando Quintero. Como bien lo manifestó en su día mi compañero Eduardo Ustáriz, dejó de ser un equipo en esencia para convertirse en un cúmulo de jugadas aisladas. Y eso fue lo más extraño, a corto plazo, y preocupante, a medio plazo, pues el DIM parecía encaminarse a ser la referencia como conjunto de fútbol en ese primer semestre. Lo preocupante llega ahora, pues el equipo carece de base táctica y de un punto de partida. En conclusión, el nuevo estratega, Juan José Peláez, debe arrancar de cero. Es aquí donde sale a colación el nombre de Daniel Cataño, una de las nuevas caras del poderoso de la montaña.

Daniel Cataño sabe bien de qué va el fútbol, interpreta muy bien el juego, ejecuta el pase (corto o largo) que toca en cada momento. Además, posee la técnica suficiente para tocar de primeras, para jugar a dos toques o para controlar, trasladar y pasar. En ese sentido, clave su control dirigido y su protección del balón, las cuales brillan con luz propia sobre el resto. Es un enganche muy clásico, juega parado y su fútbol fluye a través del pase. No tiene cambio de ritmo, agresividad en el último tercio, uno contra uno en largo o una punta de velocidad decente para competir en un contexto de transiciones.

Por bien que juegue, Cataño no es decisivo en el resultado

No obstante, y 18 meses después de arribar a Primera División, las cifras del paisa son de cosquilla para las de un mediocampista creativo: 4 goles y 7 asistencias. Para alguien que venía de anotar 18 goles y de ceder más de 15 asistencias entre el año 2014 y 2015 en la Segunda División… marca una productividad insuficiente y efímera. En estas primeras semanas, mientras el DIM navega entre la definición e identificación, necesitará rascar unidades en la clasificación. Y los puntos se sacan con goles y/o con el arco limpio, detalle que también va en proceso con las incorporaciones de Santiago Echeverría y Danilson Córdoba en la parte trasera del sistema.

Dicho esto, Cataño tiene dos opciones: 1- Mejorar esa faceta intensa, autosuficiente y provocadora de desequilibrio individual de cara a engordar su participación en los marcadores. 2- De lo contrario, como contra-respuesta a la primera opción, ser el socio de Marrugo para generar superioridad y crecer a partir de la posesión, como bien lo ha hecho saber su entrenador en diferentes ruedas de prensa, extralimitando sus cualidades a un papel muy particular y muy secundario. Porque Daniel es un futbolista obediente tácticamente, versátil a nivel de movimientos –puede caer a ambas bandas o partir desde una de ellas– y con una aceptable pegada. Jugar en el DIM no te exime de ser determinante y te obliga a ser distintivo. Talento le sobra para ser el motor ofensivo del Independiente Medellín. El tiempo lo dirá todo.

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