Deportivo Cali y Atlético Junior se citaban en el certamen continental para medir fuerzas en el despertar del segundo semestre. Nuevamente Palmaseca abrazaba un partido decisivo en el que esperaba dar cuenta de sus mejores prendas, teniendo como modelo un chico que inspira talento a raudales como Nicolás Benedetti.

Junior no pudo tener volumen ofensivo

Desde un principio los de curramba salieron con una formación atípica. Julio Avelino Comesaña decidió instaurar a Sebastián Hernández en el doble pivote con el objetivo de tener un primer pase técnicamente dotado que terminó siendo traumático en el transitar, pues sus fichas adelantadas a la línea de pase (Pico y Sánchez) estaban fuera de órbita. El ritmo no apareció y por tanto no podían cuajar una dinámica tal para que sus dos estrellas, Teo y Chará, brillaran en plenitud. Por otro lado, Cárdenas salió con su habitual 4-2-3-1 en el que la novedad era Dany Rosero, quien aterrizaba a una zaga con problemas defensivos de los cuales no sería el redentor.

Junior dominó la pelota, pero no controló el juego. Por tanto, la primera etapa iba a ser para el local. Los rojiblancos se repitieron en un trato estéril del balón, sin agresividad, que terminaba siendo inútil para una ofensiva que rebosa determinación. Aunque no sufrían el partido, Junior parecía estar lejos de poder vulnerar a Ricardo Jerez porque en su fútbol no había la profundidad de la que estaban sedientos Teo y Chará.

No obstante, pasada la media hora de juego, los rojiblancos empezaron a sudar la gota fría cuando Benedetti decidió que no iba a ser una noche cualquiera. Nicolás es un niño con alma de adulto. Disfruta cada minuto del juego como aquel infante que abre por primera vez un regalo y, el cual, es un balón (¡claro!). Empezó a apoderarse de los suyos y en cada acción dejaba ver su inmenso talento. Contagió a Sambueza y dio sentido a un equipo que durante gran parte del primer tiempo fue error tras error, desconfianza y apuro. Además, encontró en Amaya su compinche para fraguar un gol de los que Palmaseca deberá adorar por siempre. Una majestuosidad.

La determinación de Benedetti, otra vez

El primer tiempo cerró dejando ver a un Deportivo Cali que cada vez que afinaba su circulación hería a un Junior que en defensa solo contaba con Sebastián Viera. Un portero de esos que cuando se inspira no hay nadie quien pueda superar su obra.

La etapa final iba a traer dos noticias que causarían un estruendo futbolístico. Primero, la lesión de Amaya iba a restar mordida a un Deportivo Cali que tuvo muchísimos problemas para asentar su juego en campo rival. César es un especialista para crear líneas de pase, un desahogo permanente y una ficha que con sus movimientos crea convulsión. El colectivo iba a sentir su baja y, de paso, los movimientos desde el banquillo profundizaron la agonía. La segunda fue la expulsión de Deivy Balanta. Junior, a partir de ahí, se serenó y empezó a gozar del caos producido por su rival con sus pérdidas de balón. En el azar del Deportivo Cali por estirar el marcador, Comesaña vio una oportunidad. Recompuso y esperó por la explosión de sus dos baluartes. La paciencia pagó y llegó el momento en que Teo y Chará fueron amo y señor. Puro derroche de categoría.

Atlético Junior se hizo con un botín inmejorable ante un Deportivo Cali desorientado, que no supo posicionarse en cancha para hacer valer su superioridad numérica. Ahora el segundo episodio se traslada al Metropolitano Roberto Meléndez en donde se espera un aroma sin igual. De parte y parte hay esencias futbolística.

Fotos: LUIS ROBAYO/AFP/Getty Images

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