Los clubes grandes de Europa son conglomerados superprofesionales que tienden a cuidar el más mínimo detalle y que desde la década pasada han formado una red de scouting global para controlar al máximo el mercado de fichajes. Para 2007, sería lógico pensar que ya todos los mejores clubes del viejo continente poseían en sus carpetas un archivo con el nombre de James Rodríguez tras la Copa Mundial sub 17 de Corea del Sur – en la que James se enfrentó, por ejemplo, con Toni Kroos -. Aun así, el colombiano era un nombre más dentro de una pila de archivos de futbolistas de todas las edades, demarcaciones y procedencias. Fue el Banfield argentino el que se hizo con sus servicios. De ahí pasó al Porto y tras una temporada, seguro que más de uno de los clubes TOP marcaron en rojo el archivo del ’10’. El que más fue el Manchester United. Tantearon el fichaje en 2012 y 2013, pero nunca terminaron de convencerse por un posible conflicto con Rooney. Finalmente, en 2014, tras una Copa del Mundo consagratoria que lo vio hacerse con el Botín de Oro, el Real Madrid tomó la decisión de depositar 80 millones de euros en las arcas del AS Monaco para hacerse con sus servicios.

El fichaje fue recibido con aplausos y críticas. Más allá de aquellos que lo hicieron aludiendo a que el fichaje tenía por detrás objetivos de marketing y no un scouting profesional, se habló de que James era más que nada un crack resolutivo, se le acusó de no defender y de adolecer de falta de velocidad y de tener un ritmo demasiado lento, y se dijo que no tenía mucho sitio en el equipo titular. Durante tres años, todas estas cuestiones tuvieron algún punto en el que pudieron tener algo de verdad, y de ahí el agridulce paso del jugador por la casa blanca, pero también es cierto que James demostró, en muchas otras ocasiones, que su juego era mucho más coral y completo de lo que se llegó a imaginar el público general el día de su llegada.

AÑO I: LA CONSAGRACIÓN CON ANCELOTTI

PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP/Getty Images

Tras la baja inesperada de Xabi Alonso, Carlo Ancelotti se quedó con una plantilla sin un mediocampista que, a priori, destácase por su valor en la transición y fase defensiva. En la campaña ganadora de Champions, Xabi había convertido un equipo ultraofensivo en uno equilibrado gracias a su maestría táctica. Sin él, y sin los larguísimos esfuerzos de Di María, ese equilibrio se antojaba complicadísimo. Pero lo logró. Y lo hizo, entre otras cosas, entregándole a James la posición del enganche clásico: un ’10’ escorado a la izquierda de un 4-3-3 con extremos, mediocentro único e interior derecho… y libertad para bajar, subir y moverse por el ancho del campo. Idílico. Y el jugador respondió no solo con lo que ya se sabía, goles, asistencias, centros y pegada, sino con pausa, sobriedad y dotes organizativos sobre los que había escépticos, lanzando contragolpes, movilidad para no darle rigidez al sistema y, para sorpresa del mundo fútbol, con un despliegue táctico de coberturas sensatas y coherentes con el flow del juego madridista que dieron empaque y poso a la transición defensiva merengue. Con James como esencia, aunque no como hombre más importante, el Real Madrid de Ancelotti jugó un fútbol de ensueño y que, de haber llegado con ese nivel a los días de abril y mayo, habría ganado el status de legendario, por lo menos en la historia del club.

AÑO II: RIFIRRAFE CON BENÍTEZ

Con Benítez, el Real Madrid viró su propuesta, no solo en cuanto a sistema e idea, ahora un 4-2-3-1 más presionante, sino que el entrenador español comenzó a forjar un equipo en el que el hombre clave del mismo no era Cristiano Ronaldo sino Gareth Bale. Para hacerlo, quiso otorgarle al galés la posición central de esa línea de tres futbolistas precedente al delantero centro. James perdió su posición ideal dentro de la formación y aunque en la banda derecha se había mostrado productivo y jugador con Ancelotti, el rol que tendría en el equipo de Rafa sería más residual y con un campo de acción mucho menor y, sobre todo, más fijo puesto que los intercambios posicionales principales se daban entre el jugador de banda izquierda, Bale y el delantero, aunque no por ello el colombiano no gozase de licencias para brillar como en aquel partido contra el Betis*. Como variante, Benítez también trabajó sobre el 4-3-3 de Ancelotti con diferencias marcadas: aunque teóricamente jugaba en el mismo lugar (escorado a la izquierda del triángulo del mediocampo), la posición de James era la de un interior más clásico, mucho más sujeto y jugando más lejos de la portería.

No obstante, la irregularidad, las lesiones y el devenir de la temporada fueron matizando la idea inicial de Benítez y el hoy entrenador del Newcastle fue encontrando en Casemiro la pieza defensiva que realmente quería – y quizás, sentía – por lo que tuvo que elegir un sacrificado: James. Esa decisión, sumada a las asperezas de la plantilla con su DT, provocaron un James que se dejó llevar. Para cuando llegó Zidane, ni él ni Isco parecían estar realmente centrados ni con el ritmo competitivo adecuado, facilitando la decisión del francés de mantener al brasileño. La Champions, en la que Casemiro dejó una actuación magistral, le aseguró a Zidane continuar en el equipo… y James ya no hacía parte del XI titular.

AÑO III: SIN RAZÓN DE SER EN EL EQUIPO DE ZIDANE

Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images

En su segundo año, Zidane asentó sus convicciones y en ellas no había lugar ni para James ni para Isco. Aunque el francés ha demostrado ser muy flexible en cuanto a sistema se refiere, variando siempre en favor de los jugadores que elige como inicialistas, sí se ha mostrado inflexible en los valores que quiere que su equipo transmita. Estos están relacionados con el control posicional y emocional, la calma, el temple y la sobriedad. Todo eso que personifican Toni Kroos y Luka Modric. James, aunque tiene dotes organizativos y de pausa, es un mediocampista relacionado con el ataque: siempre está pensando en agredir la portería rival. Su presencia, así sea transitoria, en la sala de máquinas, rompía con el equilibrio del equipo, por lo que rol táctico se redujo al de… crack resolutivo, ya sea jugando como un «1» por delante del eje Kroos-Modric cuando no jugaba Casemiro, o en alguna banda cuando algún miembro de la BBC, quienes por velocidad, naturalidad y/o jerarquía también expulsaban al cucuteño del XI, no estaba. Y así, aunque recuperó sensaciones en ritmo, no contó con el contexto de libertad espacial que le dio Ancelotti ni fue nunca enfocado al rol en el que es uno de los mejores jugadores del mundo, no solo uno de los más determinantes.

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