Para sostener la ventaja, Héctor Cárdenas dispuso de Roa y de Sambueza, quiso ganar la espalda de Matheus Uribe, enfrentarlos con Elkin Blanco, donde por superioridad numérica y técnica tenían que, al juntarse, ganar. Pero la gran virtud de Blanco siempre ha sido no permitir que el balón cambie de frente una vez el ataque del rival toma la decisión de ir por un costado. Terminar la jugada sin importar cómo, eso hace el volante de marca de Atlético Nacional. De manera que sin la profundidad por la derecha de Orejuela ni el talento técnico superior de Benedetti, el Deportivo Cali nunca pudo darse la vuelta y mirar cara a cara su rival, nunca pudo desnudar el ofensivo plan de Reinaldo Rueda. Por eso Amaya no repitió su encuentro de ida, por eso Duque estuvo desconectado, por eso, salvo la organización que inventaba Sambueza en el complejo arte de crear tiempo con un balón en los pies, el Cali no hizo daño real.

Entre evitar y provocar un desajuste táctico, eso es un partido de fútbol, el entre.

Cárdenas decidió mantener el mediocampo de volantes de la primera final, aunque esta vez Rueda ganó en la estrategia. El Deportivo Cali estaba diseñado para que una vez el balón cayera en los extremos de Nacional, tácitamente reconocidos por ambos como las llaves que iban a abrir la puerta, uno de los volantes centrales tomara a Macnelly Torres y el otro defendiera la zona, y así evitar que Matheus Uribe atacara los espacios con su velocidad indescifrable. Los planes, como en cualquier partido, siempre esconden riesgos, pero lo que los convierte en errores está en no hacer un cálculo preciso de lo que los decanta. Rueda lo hizo, Cárdenas no.

Porque Castrillón no pudo detener a Ibargüen, porque Andrés Felipe es, simplemente, demasiado bueno, porque el duelo fue absolutamente desigual, porque el extremo siempre decidió de cara y con el balón al pie, y entonces ese equilibrio aparente propuesto desde la pizarra se rompió, y esa cuerda atada de Palmaseca al título, y sobre la que caminaba el equipo azucarero, empezó a temblar desde el primer minuto. Ibargüen inmediatamente la puso en crisis, Macnelly la cortó y Matheus Uribe dinamitó para siempre cualquier intento de recuperar un partido en el que el Cali siempre dejó la única sensación de intentar sobrevivir.

Los riesgos en un partido de fútbol también se controlan.

A veces el campeón no es el mejor ni el que tiene más talento en sus filas, aunque tampoco nunca un campeón lo sea sin merecerlo, porque nadie gana sin ningún mérito. Normalmente un campeón despierta debates, aunque su virtud está en ejecutar mejor que ningún otro su plan cuando el balón arde. Sin embargo, este Atlético Nacional no cabe dentro de ninguna normalidad. Ya el análisis no se sustenta desde un solo vértice, porque al verlo por un momento nos olvidamos de los peros, esos tan necesarios para evitar que una idea nos impere y acalle. Porque qué es un equipo de fútbol sino una idea, y este Atlético Nacional es una idea que crea silencio, este ciclo ganador será recordado por suprimir, en la cancha y con despótica justicia, cualquier pero cuando se lo titula como campeón del fútbol colombiano.

3 comments

  1. Hola

    No les parece que Elkin Blanco penaliza mucho el juego de Nacional. Este semestre el equipo no domina tanto a los rivales, y en mi opinión se debe en gran parte a que la salida de balón ha desmejorado mucho.

    Millonarios en el partido del todos contra todos (primer tiempo) y en las semifinales en Bogotá presionó arriba, dejando solo libres los pases entre centrales y ahí Blanco no ayudó en nada, las salidas se daban o con Cuesta rompiendo líneas (pocas veces) o con balones largos de Henriquez (casi siempre). Así Mac veía siempre pasar la pelota por el aire y quedaba sólo para pelear los rebotes, de los cuales apenas ganó unos cuantos: Resultado balón e iniciativa para el rival.

    Ayer en los momentos que Cali presionó, fue Uribe!! el que tuvo que venir por el balón entre centrales, Blanco simplemente se borra del equipo cuando hay que sacarla jugada. Muchas veces lo vi marcándose sólo al hacerse detrás de Duque.

    Se le abona toda la entrega, pero pienso que Nacional jugaría mucho mejor con otro jugador en su lugar

    1. Esos son sus defectos, sí. De hecho ayer, en la jugada del penal provocado por Dayro, quien filtra el pase que rompe líneas hacia Macnelly es Diego Arias que justamente había entrado unos minutos antes por Elkin. Un pase que a Nacional le venía faltando y que hizo daño de inmediato. También pienso que sin Blanco, el Cali ayer le hubiese creado muchos problemas a Nacional y quizá estaríamos hablando de otro resultado. Nacional venía acostumbrado a otra cosa en esa posición, entonces es normal que el equipo sienta la diferencia. De todos modos no pienso que no sea un jugador muy útil, tengo en la retina al Elkin Blanco del Millonarios de Israel que tuvo un torneo impresionante, de hecho es el que le vale para irse a un Nacional que intenta siempre nutrirse de los jugadores más sobresalientes del mercado local. Es una posición bien especial sobretodo si se tiene la calidad técnica que tiene Nacional, porque ahí se nota un poco más. Coincido en que hablan idiomas ligeramente diferentes pero también creo que es un jugador titular en cualquier equipo del FPC. Yo no saldría de él. Justamente escribí sobre lo que perdía y ganaba Nacional con el cambio de Alex Mejía por Elkin Blanco. Acá lo dejo por si interesa el tema: http://eldoradomagazine.com.co/wp/2016/07/06/cuando-todo-cambia/

  2. Coincido. Es que a Blanco lo veo mas con un parche circunstancial que como un elemento de discurso del equipo. No recuerdo un partido con Blanco en el que Nacional haya jugado bien.

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