Colombia tomó los espacios y los tiempos que le concedió Camerún, que no fueron pocos, pero en el cómo usarlos hubo una elección, y un plan, y de esa manera generó unos nuevos para atacar de la forma en la que quería hacerlo. Eso es un gran mérito. Sobre esta base hubo un equipo con armonía, cuyos movimientos surgían casi por decantación creando una ilusión de naturalidad alrededor del balón.

Los jugadores diferenciales fueron James Rodríguez, en una escala muy amplia, y Gio Moreno, secundando con bastante continuidad. Ambos volantearon con mucha frecuencia, eso sí, desde sus parcelas, algo necesario y valioso. Si bien el partido se rompe acá, en ellos, donde comprobamos lo hondos que pueden llegar a ser sus pies desencadenados, toda luz tiene sus sombras, y la estela de su reflejo la encontramos unos segundos atrás en el reloj, en los muchos pases en corto previos al salvajismo, al pase rapaz, al que desgarró e hizo brotar sangre. Este proceso involucró otros jugadores –Juan Guillermo Cuadrado, Carlos Sánchez e incluso Miguel Borja- y, por supuesto, también a James y a Gio aunque en otra función: la asociación para el desorden y el acomodamiento propio. El propósito era espesar el tiempo, dilatarlo con cada pase corto en beneficio del compañero que rompía hacia adelante. Cuando atravesaban la vista como flechas las camisetas amarillas de Fabra y Arias, o del mismo Cuadrado, parecía como si sonidos ácidos y estridentes deshipnotizaran el afinado tas tas cafetero.

¿Puede Colombia jugar con un solo volante de marca o deberá seguir recurriendo al doble cinco?

Wilmar Barrios parece ordenarse mejor cuando juega solo en el territorio central, aunque para adueñarse del mediocampo por ahora se quede corto en el pase, probarlo en soledad podría tal vez sustentarse desde su despliegue físico. El cinco de Boca está tomando oficio de volante defensivo, está interiorizando la posición cada vez más y Pékerman usó el partido para tantearlo en distintos contextos. Si empieza a usar el balón con más frecuencia y sentido para ganar metros, se convertirá en lo que llevamos buscando en otros pies desde hace tiempo.

La cuota de pase, entonces, la puso Carlos Sánchez, quien permitió que James por momentos se lanzara arriba como un segundo delantero imantando marcas, sin que esto significara que se iba a perder en la jugada porque el balón llegaba puntual a un Cuadrado libre en la banda derecha. En realidad, libre quedaba la banda, porque la armonía del equipo también estuvo en que las posiciones no se personificaron, se comprendieron. Ese envío largo tiene, en un Sánchez desatado, una reivindicación por la seguridad ya contrastada de su pase y la precisión con la que lo ejecuta. La Roca toca y toca. Se deja ir como alguien casi fantasmal, porque sí, todo lo sólido se desvanece en el aire.

Foto: JAVIER SORIANO/AFP/Getty Images

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *