Para el Estadio Monumental de Palmaseca alojar una final de Liga no será ninguna novedad. Ya en 2015, cuando Fernando Castro dio vida al inolvidable ‘Kinder’, la nueva cancha del Deportivo Cali se estrenó en la senda de las grandes historias. Y en la senda de la identidad, porque en Colombia ninguna grada celebra una forma de ganar –la de valerse del talento de la casa– como la verdiblanca.

Pero lo de la tarde de ayer fue distinto. La mezcla entre hallarse ad portas de una final ante el eterno rival y superarlo en juego línea por línea dio como resultado un coctel de emociones, canalizado por Nicolás Benedetti toda vez que tocó el balón para liberar su genialidad y hacer del éxtasis imponencia. La tarde de ayer fue distinta porque la grada verdiblanca conectó con un fútbol verdaderamente dominante en unos 90 minutos para el recuerdo, de esos que elevan una simple arquitectura de estadio a calidad de templo, de fuente de mitologías. Con ‘Pecoso’ Castro, Palmaseca ya había encontrado identidad. Pero ayer encontró fuerza propia.

Torres y Cárdenas quisieron lavarle la cara a sus equipos

La pobreza técnica y táctica del partido de ida dejó suficientes pistas para ambos entrenadores encauzar su juego. A Hernán Torres le quedó la certeza inaplazable de que su jugador más desequilibrante es Juan Camilo Hernández, y cuanto más lo acerque a la portería rival, más competitivo será. De manera que el dibujo inicial del América le deparaba al ‘Cucho’ un lugar en la delantera.

Por el lado del Cali, Héctor Cárdenas no hizo oídos sordos al presente de Jefferson Duque y atendió a remediar la falta de potencia en la delantera del Cali con Miguel Murillo.

Pero el verdadero cambio de los de Cárdenas se vio en el plano anímico. Tal como hiciera ante Independiente Medellín, el Deportivo Cali saltó a la cancha del Palmaseca dispuesto a mover montañas. Solo con esa inyección de confianza el verdiblanco pudo maquillar todos los lunares que mostró en el Pascual Guerrero. Esta vez el derroche de energía de Andrés Pérez y Kevin Balanta sitió al América, que le costó montones salir del encierro y no supo reponerse de la baja de Juan Camilo Angulo en toda la fase.

Nicolás Benedetti, el nombre de este 2017

Y como América careció de salida de balón, Juan Camilo Hernández se vio obligado a bajar mucho para tocar la pelota. Incluso para cumplir la banda derecha, pues el dominio del Cali en ataque no admitía dudas. Con Benedetti derrochando calidad en cada toque, Roa secundándolo con sus movimientos, Murillo amenazando la espalda escarlata y Orejuela desbordando una potencia inalcanzable, los verdiblancos mostraron una ofensiva altamente equilibrada.

Con un Nicolás Benedetti pletórico y un gol rebosante en clase, el estadio del Deportivo Cali cobró vida. Hubo delirio. Visto lo visto, un Cali gozoso y un América aterrado, bien se recordará la de ayer como la primera tarde mitológica en que un estadio adquiere carácter propio. Palmaseca perdió su inocencia. Y en adelante, cuando se trate nuevamente del todo o nada, ya no será una cancha más.

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