El Deportivo Pasto consumó un primer semestre en el que alcanzó picos elevados de juego con el que acarició su máximo potencial, una impresión que transmitió desde el primer al último hombre, y cuyas relaciones explican cómo los muchos conceptos que engloban el juego estuvieron latentes en su propuesta, fuese el punto de vista en la cancha y/o el dibujo táctico por el que se optase. Cuando el Pasto salía desde atrás, presionaba arriba y finalizaba las jugadas frecuentó hacerlo involucrando a muchos jugadores, cada uno desde una porción del campo distinta en la que el desarrollo de la idea demandaba una cosa diferente. La exigencia del plan aprobó todo el curso… hasta el examen final. Allí, cuando el discurso planteó otra respuesta, la de un crack decisivo arriba, Flabio Torres no la localizó.

Precisamente en ese partido, contra el América, el Pasto no tuvo su noche. Cuando tienes días grises, cuando las cosas no salen como esperas y cuando tienes una crisis de juego, que las soluciones estén en manos de futbolistas desequilibrantes… Se nota muchísimo el efecto. Es cierto que el Pasto no compite en el mercado, pero siempre hay jugadores que se escapan de la bolsa por un valor irreal o por simple estado de inspiración. Y a principio de semestre presumió esa carta con Yamilson Rivera, pieza que facilitó ciertos procesos de elaboración y que los tradujo de mejor manera: en gol. Sin embargo, en el momento de la verdad, su imparable y lujosa versión se vino al piso, arrebatada por dos lesiones que frenaron la diferencia rítmica establecida sobre los demás en la primera mitad de campeonato.

Para la Liga Águila II, los mediocampistas ofensivos deben mejorar fabricando goles para acrecentar la propuesta volcánica

Christian Rivera, Daniel Cataño, Yesus Cabrera, Javier Reina… Todos muy buenos futbolistas que hablan un idioma parecido con la pelota pero que comparten un mismo defecto para ser considerados de corte ofensivo: la productividad. Quizá a excepción de Cabrera cuando pilla ritmo e importancia, ninguno se caracteriza por ser una máquina de generar goles. Requieren algo concreto de su equipo para producir cifras. Al contrario, todos pecan de la falta de veneno en su fútbol. El hecho se hace dato: 7 anotaciones y 6 asistencias entre los mencionados. Es decir, 2 goles menos que el máximo artillero del equipo (Santiago Tréllez, 9) y sólo el doble del número de pasegoles que repartió el máximo asistidor (Juan Gilberto Núñez, 3). No es casualidad que al Pasto lo haya frenado su carrera por el título la penalización de factores diferenciales, jugadores que pudieran recibir al pie o, incluso, yendo más allá, “aseguraran” crear la jugada para resolver un partido. El conjunto volcánico obró una especie de desborde colectivo, que iba aumentando exponencialmente a medida que crecía la suma de pases en campo rival. Para esta fórmula, no hubo sistema defensivo que valiera.

El Pasto no tuvo colmillo en el momento caliente de la temporada

Al Deportivo Pasto le faltó ese pasito para convertirse en candidato indiscutible al título. Porque puedes jugar muy bien, puedes hacer ver mal al contrario, puedes minimizar las fragilidades defensivas con un sistema de juego maravilloso y puedes tener un crack en el centro del campo como Víctor Cantillo, pero sin alguien que, domingo tras domingo, pueda marcar las diferencias ante cualquiera, la propuesta se queda corta en forma de pólvora. Y así fue como el equipo nariñense consumó su eliminación. Porque, en esencia, fue lo que trabajó Flabio Torres. Si de dar un salto mayor se trata, la clave está en ese sentido. O en recuperar al Yamilson de las primeras 10 jornadas. Pero La Libertad acucia encontrar un tipo de futbolista que convierta el plan en algo más afilado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *