La necesidad de marcar por lo menos tres goles y la suspensión de ‘Goma’ Hernández dieron a Zubeldía la legitimación que necesitaba para salir con su alineación más ofensiva. Así, el reemplazo del mediocampista fue Leonardo Castro y, además, Juan David Valencia dio su cupo en el XI a Hernán Hechalar, dibujando así un 4-1-2-3 asimétrico con Didier Moreno como único mediocentro, Marrugo y Quintero sueltos en la segunda línea del mediocampo, jugando el 10 más escorado a la derecha, Hechalar bien abierto sobre la izquierda y un doble ‘9’ arriba. Además, Elacio Córdoba tomó el puesto de Marlon Piedrahita en el lateral derecho. El Medellín necesitaba atacar.

El DIM salió con su alineación más ofensiva

El Cali, consciente de la situación y de su amplia ventaja, decidió administrar el partido desde un bloque medio-alto que presionaba, sin la agresividad del partido de ida, la salida del DIM una vez el balón llegaba a los mediocampistas. Zubeldía dejó entrever que lo que más preocupación le causó en el partido de ida fue precisamente la fase del juego de los primeros pases, y presentó una salida de tres con los laterales volando, tal y como se había visto en los primeros partidos del semestre. Didier Moreno y, sobre todo, Marrugo, bajaban al primer escalón generando superioridad y mejorando la fallida salida desde atrás, siempre y cuando el movimiento se realizase correctamente y los laterales ganaran altura de mediocampistas antes que el 17 se incrustase en los centrales. No siempre fue así y el Cali pudo disfrutar de una situación cómoda en transición defensiva gran parte del partido.

El plan de aislar a Quintero mediante el combo de presión cuando estuviese arriba y repliegue cuando bajase que tanto éxito tuvo en la ida fue modificado por uno en el que el 10 del DIM recibía pero no tenía receptores cerca. Como Marrugo bajaba, Didier flotaba por ahí, Elacio no ayudaba en la circulación y los delanteros estaban muy lejos, Quintero quedaba siempre muy solo. Los apoyos de los delanteros, Castro y Viola, eran inexistentes y el crack rojo tuvo que hacer las veces de un quarterback, abusando de envíos largos y pases con destinatarios muy alejados que tenían que superar demasiadas piernas, pues el Cali supo defender junto y bien, forzando técnicamente los pases del local. Aunque el DIM tenía mucha gente arriba, su ataque nunca fue claro. Atacó mal y poco y sus aventuras ofensivas fueron, normalmente, eso: aventuras. Un compendio de jugadas individuales que, con mayor o menor fortuna, fueron suficientes para anotar tres goles.

Antes que su recepción, el Cali defendió a Quintero aislando a sus receptores

Al contragolpe, liderado por Benedetti y Roa, el Cali supo encontrar sus ocasiones de gol. La entrada de Miguel Murillo ayudó mucho puesto que sus movimientos, más profundos, largos y agresivos que los de Duque, complementaron las conducciones de Benedetti y Roa. Sobre la mitad del segundo tiempo, el repliegue del Cali se hizo más intenso con el cambio de Lucumí por Roa, pasando a una defensa de cinco que liberó a Orejuela, quien, a pesar del gris partido de Sambueza, creó peligro con sus subidas por la banda. El gol del Cali vino precisamente gracias a una de sus intervenciones ofensivas.

El DIM mejoró un poco con la entrada de Mauricio Molina, que supo acercarse al mediocampo a crear superioridades y liberó de marcas a Quintero, aunque no fue suficiente y el DIM siguió teniendo como único recurso de desequilibrio la jugada individual, un reflejo claro de lo que fue el semestre del poderoso. El Cali fue mejor equipo en toda la llave y es un más que justo semifinalista.

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