El Deportivo Cali se despachó con una de las exhibiciones del campeonato ante un rival de grandes figuras pero muchos defectos colectivos que fueron explotados por el equipo de Héctor Cárdenas. La presencia de Quintero en el equipo contrario marca todo: si no hay un plan específico en su contra, el pequeño mediocampista paisa gana partidos aunque su equipo juegue mal e incluso sin necesidad de que él esté brillante. El Cali jugó, por ello, dos partidos. Primero contra el Quintero que juega arriba y escorado sobre la banda; el segundo, contra el enganche que baja a recibir y ordena al equipo en la mitad del campo. Y sabiendo defender en ambas situaciones, vapuleó a un equipo que no juega fútbol, sino que hace jugadas, obligándolo precisamente a jugar.

El plan de Cárdenas atizó a todos los defectos del DIM

Presionando hasta con ocho futbolistas en campo contrario y la línea defensiva un metro por detrás de la divisoria, los azucareros se aseguraron de que el DIM no saliese cómodo en ningún momento. En corto, el DIM no tenía ni técnica ni sistema para superar una presión tan agresiva, provocando que el balón no saliese o que no llegase nunca limpio a los jugadores de ataque; y en largo, la superioridad aérea de Rosero y Mera contra Viola, y la carencia de un plan para recoger segundas jugadas por parte del DIM, hicieron lo propio. Quintero, estando arriba, jamás recibió cómodo y en ventaja. Cuando bajaba, el DIM se ordenaba pero perdía la amenaza del 10 en campo contrario. El Cali hacía una concesión: dejaba que el visitante tocase el balón, ajustándose ahora sobre un bloque medio, para mirar siempre a Quintero de cara y nunca tener que girar para ubicarlo, con Nico Benedetti haciendo un trabajo individual sobre él. Control. Eventualmente, el DIM se hacía espeso y perdía la pelota.

Y ahí estuvo la clave táctica del encuentro y del dominio del Cali, pero por sí mismo eso no resulta en una goleada. Hacía falta algo más y ese más lo dio el plan de ataque y transición ofensiva del Deportivo Cali, comandado por un crack de 20 años: Nicolás Benedetti. El equipo de Cárdenas ha encontrado un plan de juego con un predominante fútbol exterior, con mucha presencia de los laterales, especialmente de Luis Orejuela, cuya autosuficiencia, por momentos, deja entrever un futuro de amarillo, azul y rojo. Esto no deja de ser curioso puesto que los dos mejores jugadores del equipo, Roa y Benedetti, juegan más sobre el otro perfil. El DIM, para proteger a Quintero en transición defensiva, llenó ese sector, el izquierdo del ataque contrario, en transición defensiva, despoblando la zona influencia de Orejuela, situación acentuada precisamente por la influencia de Benedetti y Roa sobre la zona siniestra. El Cali llevaba el balón ahí y, eventualmente, pasaba hacia el otro sector donde Orejuela con intensidad y carácter metía al Cali en campo rival de forma definitiva. Y empezaba el show.

Benedetti se erigió como el crack del Cali. Ya era hora

De Nicolás Benedetti se sabe hace rato que es un jugador especial, más allá de las dudas que recayeron sobre él de parte de sus entrenadores. Y ayer demostró que ya está listo para ser no una promesa, sino un futbolista imperial en el plano sudamericano. Cuando el balón llegaba a Orejuela en transición, Benedetti con un repertorio de desmarques, apoyos y toques para crear y ocupar espacios libres, sobre todo a espaldas de Didier Moreno, atraía rivales, compensaba movimientos de sus compañeros y abría huecos en la defensa del DIM que Roa aprovechaba y ampliaba con venenosos desmarques entre líneas y hacia la zona entre el central y el lateral izquierdo del Medellín. El poderoso terminaba cada ataque del Cali abierto como un melón. Y el Cali, con hasta ocho futbolistas en campo rival y cinco o seis llegando a posición de remate. Si el fútbol fuese el clima, en el noticiero habrían avisado que había tiempo de goleada. Y habrían acertado.

Con la goleada en la mano, el Cali comenzó a pasarse el balón con una confianza que no había sentido en muchísimo tiempo. Benedetti iba, recibía, soltaba y contagiaba. Roa al que más. El 4-0 los premió como futbolistas. El DIM, totalmente ido del partido, aceptó su derrota como pudo. Y aunque se encontró un gol que los deja vivos porque tiene muy buenos futbolistas, habrá que acontecer mucho en estos días para que la vuelta, si el Cali mantiene el plan y la intensidad de ayer, tome un cariz distinto. Y aunque la liga pierda a Quintero para sus dos semanas definitivas, habrá ganado a un futbolista que, aunque distinto, paga entradas y quita sombreros.

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