A pesar de que el Atlético Bucaramanga está en las finales de la Liga Águila, su temporada y su participación en estas instancias se debe manejar con cautela. El conjunto de Fernando Castro pisó los playoffs porque desde el primer día no escatimó sacrificios, demostrado en el empate 1-1 de hace 10 días en la ciudad de Montería ante el Jaguares de Hubert Bodhert. Ese día quedó muy presente en las retinas de todos: si el Bucaramanga cumplía la épica de jugar la fase final, sería 100% obra del modelo de juego físico que creó con inmediatez ‘Pecoso’ Castro. Agarró al equipo en la 9ª jornada con 9 puntos, lo moldeó como unidad y sacó 20 de los 33 puntos en discusión. Es decir, la cumplió. No obstante, el leopardo adolece de calidad, chispa, determinación y dinamismo de tres cuartos en adelante. Adolece de un Darío Rodríguez, su único y auténtico delantero.

Rodríguez era todo el sistema de ataque bumangués

Cuando hablamos de Darío, estamos hablando del atacante que mejoraba, arrastraba y conducía al Bucaramanga en parcela ofensiva. Con su talento, aceleraba ataques, abría espacios, generaba ocasiones y convertía goles. Por su frecuencia, evidentemente, en el peor de los partidos, iba a gozar con un par de oportunidades de gol. Precisamente, antes de la lesión, vivió una sequía goleadora que lo desesperó progresivamente de cara a gol, pero eso no fue excusa para decir que valía un sistema ofensivo por sí mismo. A cambio de no pedir mucho al equipo, él daba el resto y un extra. El espacio, la aparición y los momentos. Sin ser un ‘9’ al uso, se comportó como tal. Convivió de la soledad y entregó detalles.

Bucaramanga juega con Pajoy-Cano en punta, dos delanteros específicos. Pero…

Por todo lo anterior, sustituir a Rodríguez no ha resultado tarea sencilla. Los 9 goles que suman John Pajoy y Jhony Cano pueden indicar lo contrario, pero lo cierto es que el bogotano le permitía a su equipo atacar de cualquier manera. Con más o menos pelota, replegando o presionado en el medio, con un punta a su lado o con tres por detrás… El fútbol de Darío era un abanico de posibilidades que, en su momento, ya supieron aprovechar Flabio Torres y, sin reflejarse en los resultados, Harold Rivera. Paradigmático lo del segundo, pues el equipo no funcionó en una misma línea y Rodríguez, en los 7 partidos que participó, cumplió con la exigencia de este Bucaramanga. Errara penaltis o fallara controles, nunca se escondió.

Tanto Pajoy como Cano son dos delanteros que, desde vertientes muy opuestas, producen juego por delante y con una interesante cuota de gol. En términos goleadores, es el cartagenero quien está supliendo la baja de Darío. Sin embargo, en cuanto a juego, con eslalons, profundidad, llegadas al área, diagonales a banda y sirviendo centros, el caleño está replicando varias de las labores que tenía Darío Rodríguez como referencia y/o segunda punta. Juntos o por separado, ambos seguramente sean la mejor solución posible que tenía el cuadro auriverde a su alcance. De hecho, si no existiera el precedente Rodríguez-Guevgeozián, estaríamos hablando de una dupla fructífera. Sobre todo en el caso de Jhony Cano, quien en los últimos envites le ha añadido la gambeta corta a su arsenal ofensivo (control orientado, devolución de espalda y protección del balón, entre otras).

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