El proyecto de Miguel Ángel Russo ha generado ilusión en la hinchada de Millonarios. El argentino logró que sus jugadores ejecutaran un idea exitosa en un periodo de tiempo corto. La base del plan era la presión asfixiante, comandada por los mediocentros John Duque y Henry Rojas. Tras recuperar el balón en la mitad del campo o en terreno contrario, este llegaba a las bandas, donde aparecían los laterales y los extremos haciendo daño. Destacaron allí Jair Palacios, Elíser Quiñones y Déiver Machado. Sin embargo, las lesiones y el bajón de nivel de algunos futbolistas hicieron que la propuesta del entrenador tuviera que ser replanteada hasta llegar al fútbol que juega hoy el club azul de la capital colombiana.

El comienzo de la debacle

Uno de los mejores partidos que jugó Millonarios en la fase regular del torneo fue contra Atlético Nacional, en El Campín. El dominio azul fue total e hizo ver mal al campeón de América. Rojas y Duque sobresalieron en un partido en el que desnudaron todas las falencias del conjunto verde. Déiver Machado y Elíser Quiñones hicieron ver mal a Daniel Bocanegra; Santiago Mosquera aprovechó el hueco gigante que había entre Farid Díaz y Alexis Henríquez, y Ayron del Valle hizo correr a Francisco Nájera de un lado a otro sin que lograra pescarlo. No obstante, esto solo duró un tiempo.

En la segunda parte de ese partido comenzó a pesar el principal problema que traía la propuesta de Russo en Millonarios: el desgaste físico. El ritmo que necesitaba el plan para ser efectivo era infernal y en ese partido, con más de la mitad de jornadas jugadas, era insostenible si no había gol, como pasó. En la segunda mitad, Nacional, sin ser brillante, dominó y ganó porque hizo mucho daño a espaldas de Duque y Rojas, quienes no lograron imprimirle a su equipo la intensidad del primer tiempo.

El 4-4-2 con Jacobo Kouffaty y luego con David Macalister Silva

Las aparición de estos dos jugadores, en detrimento de Quiñones, le permitió a Russo abrir una ventana que no había tenido que utilizar hasta ahora: la del corredor central. El mediocampista venezolano, entre lesiones y sanciones, no ha tenido la continuidad esperada en el cuadro embajador, pero en lo poco que ha jugado se ha mostrado como una alternativa fiable para crear fútbol entre líneas. El éxito de esto radica en todo el aire que le dan sus toques al fútbol azul porque desahogan zonas congestionadas.

Allí, en esa misma función, volvió a tener un papel importante David Macalister Silva. Cuando el equipo defiende, el bogotano aparece como volante izquierdo. Cuando ataca, ejerce el rol de interior izquierdo que se mueve con mucha libertad entre la zona central y la banda, donde llega siempre a asociarse y a atacar Machado. La movilidad de Duvier Riascos y Del Valle también le permite a los embajadores hacer mucho daño entre líneas porque facilitan la circulación, ya sea tirándose a la banda a recibir o saliendo del área a recibir por el carril de la mitad. Millonarios juega con la misma intensidad pero a un ritmo menos frenético.

A la espera de los resultados

Russo convirtió el proyecto de Diego Cocca en suyo. Por lo que ha mostrado su equipo, podría decirse que los resultados han sido satisfactorios hasta ahora. Con su sello de intensidad impreso en el ADN de sus dirigidos, el argentino se enfrentará a la fase final del torneo con el objetivo que desde hace 4 años y medio tiene el club capitalino: la estrella número quince. Los playoffs serán el momento perfecto para evaluar si logró rehacer ese equipo competitivo de comienzo de año o si definitivamente tendrá que buscar nuevos jugadores e ideas novedosas para enfrentarse a lo que será su segundo semestre como técnico azul.

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