El año comenzó con mucha ilusión para Atlético Nacional. El objetivo primordial del club verdolaga era volver a ganar la Copa Libertadores para regresar a Japón y tener una oportunidad de revancha luego de su sorpresiva eliminación en las semifinales del Mundial de Clubes. Sin embargo, las cosas en el torneo continental no salieron como estaban previstas. Los dirigidos por Reinaldo Rueda perdieron sus primeros tres partidos y quedaron al borde del abismo. Al estratega vallecaucano le costó suplir las bajas del mercado y cuando encontró soluciones, estas fueron parciales o llegaron muy tarde. Con el título internacional descartado este año, el trofeo de la Liga Águila es la nueva meta de los antioqueños.

El plan inicial

Rueda ha mantenido todo el semestre el habitual 4-2-3-1 con el que su equipo dominó América el año pasado. Para suplir la salida del goleador Miguel Borja, Nacional contrató a Dayro Moreno y al paraguayo Óscar Franco, además de haber recuperado a Luis Carlos Ruiz. Para reemplazar al extremo derecho Orlando Berrío, el técnico caleño optó por darle confianza al juvenil Cristian Dájome. Los problemas comenzaron ahí.

El éxito de la era Rueda radicaba en una jugada específica que su equipo había logrado automatizar y lo había llevado a dominar la liga del 2015 y la Copa Libertadores de 2016, sin importar quiénes fueran los intérpretes. En ella participaban el interior y el extremo derecho, el mediapunta y el hombre más adelantado. En el último curso, esta tarea la completaban Matheus Uribe, Orlando Berrío, Macnelly Torres y Miguel Borja.

Al principio de la temporada, Dayro Moreno tuvo problemas para hacer parte de este circuito. Al goleador, acostumbrado al área y sus alrededores, le costó alejarse de esta y erró mucho en los pases de primera intención que pide la jugada para ser efectiva. Si a ello sumamos que Dájome tuvo muchas dificultades para moverse como lo pedía el contexto, Nacional tuvo problemas graves para ejecutar su estrategia favorita.

Primeras correcciones: Uribe y Moreno en la posición de extremo derecho

En vista de que el equipo no estaba jugando como quería, Rueda buscó soluciones al problema cambiando de extremo derecho. Para ello, le encomendó esa tarea a Matheus Uribe en la liga, con resultados favorables, y a Dayro Moreno en la Libertadores, cosa que no funcionó.

El trabajo con Uribe estaba funcionado porque él, a diferencia de Dájome, recibía y buscaba el carril central. Trataba de tocar rápido y moverse al área o a dónde la jugada lo precisara. Frente a La Equidad, en la sexta fecha, el equipo se exhibió y ganó un partido en el que fue totalmente superior con el balón. Uribe y Torres hicieron mucho daño ese día recibiendo entre líneas.

Sin embargo, un par de semanas después, el cuadro verde visitó al América y Hernán Torres lo descifró todo. Matheus tuvo que lidiar con las constantes salidas por la banda de Iván Vélez, razón por la cual no pudo sumarse al circuito ofensivo como el extremo que era, en el papel, ese día. A ello debemos sumar que el interior derecho, Alejandro Bernal, le quitaba ritmo a lo que buscaba Nacional.

Por su lado, Moreno, quien debió ocupar esa posición por la sanción de tres fechas que le dieron a Uribe en el primer partido de Copa Libertadores, no logró adaptarse a lo que le pedía el juego. A la hora de regatear y enganchar, Dayro no estaba fino, al igual que a la hora de tocar de primera intención buscando a un compañero. Sus posesiones eran muy largas y las jugadas perdían sorpresa. Sus rivales lo aprovecharon.

Cambio de estrategia

Hace un mes y medio, Rodin Quiñones estaba en el ostracismo. Sin embargo, Rueda lo sacó del cajón y lo puso sobre la mesa de noche para que iluminara su nuevo plan. Al extremo tumaqueño le encomendó una tarea de vital importancia para la ejecución de su nueva idea: arrastrar para abrirle espacios a Daniel Bocanegra. El crecimiento del conjunto verdolaga a partir de esto fue exponencial. El lateral, cuando llegaba a la línea de fondo, se encontraba con muchos compañeros suyos en el área, ya fuera para buscar un cabezazo o recibir el balón a ras de piso.

Circulación

Nacional ha tenido muchos problemas a la hora de poner a circular el balón. La lesión de Uribe se antoja como una de las posibles razones para que este ítem sea uno de los que más complicaciones le ha traído al club antioqueño este año. Aldo Leao Ramírez ha tenido muchos problemas para adaptarse al ritmo de juego que le exige el equipo, lo mismo que Alejandro Bernal. Ante ello, una escena que se ha repetido de manera frecuente es la de Alexis Henríquez enviando balones largos al campo contrario buscando a los extremos. Por fortuna para el entrenador, la calidad individual de algunas de sus piezas le ha permitido sacarle el cuerpo al problema en la liga. Pero en las fases finales, mientras no esté Matheus, Nacional puede tener problemas para mostrar su mejor versión.

El comodín verdolaga

Andrés Felipe Ibargüen ha sido el mejor jugador de Atlético Nacional en 2017. En Colombia, el caleño marca diferencias abismales cuando recibe, engancha, corre al centro y toca. Su velocidad mental es un factor que le ha dado vida a su equipo en contextos complicados y su gambeta, de otras épocas, cambia partidos. La dificultad del extremo izquierdo ha estado en la poca compañía que recibe por su banda a la hora de atacar. Cada que se abre debe enfrentarse solo a dos o tres rivales.

La montaña rusa

Nacional llega a la fase final de la temporada en un buen momento luego de meses de altibajos constantes. La dupla Bocanegra-Quiñones por la banda derecha le ha traído muy buenos resultados a Reinaldo Rueda. Sin embargo, las bajas de Alexis Henríquez, Andrés Ibargüen y Matheus Uribe pueden ser determinantes contra Jaguares, el segundo equipo que mejor uso le da a la pelota. El club antioqueño tendrá que potenciar lo que su entrenador creó y esperar si este semestre le deparará una decepción más o una nueva página de oro a su brillante historia.

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