Que el clásico paisa llegase justo tras la eliminación en Copa Libertadores de los dos equipos de Medellín era una buena noticia. La activación emocional de un partido de este tamaño debía ser combustible suficiente para que tanto Rueda como Zubeldía pudiesen mantener el ánimo y la concentración de sus futbolistas, algo siempre difícil cuando el objetivo número uno de un club desaparece a mitad de camino. El entrenador colombiano se lo tomó a pecho y saltó al terreno con un once de gala y una actitud de un equipo resabido y campeón. Por diferentes motivos, que sobre todo tienen que ver con la pérdida de perfiles claves dentro del sistema de juego, el Nacional 4.0 de Reinaldo es el peor de todos, pero también es el que cuenta con más de aquello que en el periodismo llaman «jerarquía», ese ‘savoire-faire’ de cada momento y situación.

Nacional afrontó el partido como un Clásico, DIM no tanto

Nacional le apostó a eso. Con un 4-4-1-1 inédito, y que destila autoconocimiento, se plantó en el Atanasio a hacer su fútbol a sabiendas de que ya no es el mismo de semestres anteriores. No fue una exhibición de ataque, pero sí de sistema y saber estar: el mediocampo verdolaga espera paciente y junto en la divisoria, mientras Macnelly flotaba entre líneas como único jugador verde con una misión intelectual de crear líneas de pase. Nacional recuperaba el balón, lo tocaba, ubicaba a Macnelly, y se metía en campo rival. Una vez allí, administraba la pelota con la seguridad técnica y táctica propia del equipo que es, aunque les faltase el bendito cambio de ritmo y velocidad que en Libertadores necesitaron, pero que en Colombia, ante sistemas defensivos no tan modernos, no les hace falta para dominar y barrer. El 1-0 se quedó corto.

Zubeldía, a diferencia de Reinaldo, se tomó este partido como uno más, con una nómina mixta que dejó a Quintero en el banco. El mensaje caló en sus futbolistas. El DIM estuvo totalmente desconectado en la primera parte desde un 4-3-3 que daba demasiado protagonismo a Didier Moreno y Marrugo. La parsimonia de uno, y la cultura táctica y posicional del otro, fueron caramelos para un Nacional que nunca tuvo que pensar en su espalda. A Moreno lo dejaron tener el balón todo lo que quiso y que condujese a zonas lejanas a su posición. La lentitud del DIM no los desorganizaba y cuando recuperaban el balón, la posición de Macnelly facilitaba el ataque. Sobre la media hora, Zubeldía corrigió y cambió a un 4-2-3-1 con Atuesta, hasta ahora interior derecho enfocado a hacer movimientos sin pelota por delante de la línea del balón, de pivote izquierdo para vigilar a Macnelly. Ahí el DIM pudo detener la sangría.

Atuesta fue la carta de Zubeldía contra Macnelly

En la segunda parte, el ‘poderoso’ salió con una actitud distinta, arriesgando más en los pases y jugando más de primera intención. Futbolísticamente no causó mucho impacto, pero anímicamente sembró el terreno para la entrada de Quintero en el minuto 57′. EL ’10’ tenía 35 minutos para revertir el partido. No necesitó muchos. Zubeldía lo puso sobre la banda derecha y le regaló a Atuesta como mediocentro de su perfil. Con eso fue suficiente. En sus dos primeras jugadas generó dos goles: el primero tras un cobro fenomenal de tiro libre sobre una falta que recibió él; y el segundo tras un ejercicio de técnica y fútbol que juntó al DIM en la frontal del área verdolaga por primera vez y que culminó Marrugo con un golpe seco por abajo. Quintero está por encima del FPC.

Juan Fernando Quintero domina el fútbol a su antojo

El resto del partido fue un intercambio de golpes constante y divertido. El DIM no posee ya ninguna estructura táctica que le permite perder el balón bien ni tampoco entrega a Quintero nada de lo que agarrarse para controlar el partido. Es un equipo de soluciones individuales ofensivas, de las que Quintero, afortunadamente para ellos, tiene muchas. A pesar de que Nacional empató, Quintero se las ingenió para volver a empujar a los suyos al borde del área y ganó un penalti que convirtió en gol y sobre el final del partido, con 3-3 en el marcador, un cobro magistral del tiro de esquina asistió a Valencia para el 4-3 que le quitó el invicto a un Nacional récord. Fueron solo 35 minutos, y en un equipo que no le da sostén para jugar su mejor fútbol, pero la calidad de Quintero constó. Y eso es el clavo ardiente al que el DIM se agarra en la lucha por la estrella.

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