Carlos Lizarazo recién cumplió un cuarto de siglo, pero cuesta imaginar que pueda alcanzar (y menos superar) las altas expectativas que generó en sus primeros años como futbolista del Deportivo Cali. Ese futbolista que había impresionado con su sensacional repertorio: velocidad en conducción, clase en el disparo de media y larga distancia, lanzamiento ajustado y trazo diagonal vigoroso. Seguramente le queden muchos años en el mundo del fútbol, pero los resultados pronosticados han de ir acompañados con continuidad, y salvo en esta última etapa con Alianza Petrolera, sobre todo por culpa de las lesiones, no la ha tenido. Para Lizarazo, recuperarse, jugar y recaer ha sido un varapalo de los que muchos deportistas han dado un paso al costado por una cuestión simplemente mental. Sin embargo, ésta es de las pocas excepciones. Por enésima vez, se recuperó, jugó… ¡y no recayó!

En Barrancabermeja ha encontrado regularidad en cuanto a minutos y juego

Y no sólo no está jugando, sino que además da la sensación de estar disfrutando. Porque, principalmente, completó una cuota importantes de minutos hasta la fecha y, más importante aún, tiene un entorno que potencia cada uno de sus atributos. Para Alianza en general y para el sistema ofensivo en particular, basta con ser rapidísimo y tener piernas para construir ininterrumpidamente contragolpes, que a fin de cuentas es como más a gusto se siente el cuadro barranqueño. Y Lizarazo casa de manual, pues monta las corridas y las dota de dinamismo, velocidad y sentido. Abre la cancha, ofrece un apoyo, gana la medialuna del área o corre por detrás de Arango, Castro y Arias, según toque.

Se reencontró como mediapunta y haciendo gala de su zurda

El ambiente no permite saberlo con claridad, pero el caleño es más que el simple origen de las transiciones. Cuando es debido, se está sabiendo relacionar con sus compañeros. Brinda una línea de pase, hace aparecer a Estéfano Arango y Alex Stik Castro, alimenta a César Arias y logra que el impacto como llegador de Juan David Ríos sea más trascendente de lo real. Todo esto con espacios y desde la verticalidad, donde sus reacciones valen más que sus reflexiones y por donde se agarra el competitivo semestre del conjunto de Jorge Luis Bernal. Es, en definitiva, aunque con matices, el verdadero mediapunta aurinegro, y no el extremo a pierna cambiada de antaño. Aparece. Suma.

Por todo esto, la tarde de hoy se antoja única para Carlos Lizarazo y compañía. En El Campín de Bogotá, contra Independiente Santa Fe, se juegan su ingreso a las finales del fútbol colombiano. Quieren entrar a la historia de la institución petrolera como el equipo del 2015. Para ellos, llegar a esas instancias, ya es dar objetivo por cumplido. Es coronar su temporada. Y en el técnico zurdo tendrán un argumento creíble. Veremos si es una coma o un punto y final en su semestre.

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