En la última jornada y pese a la holgada victoria por 3-1 sobre Barcelona Sporting Club, Atlético Nacional certificó su ausencia de toda competición internacional al conocer el triunfo, por la mínima, de Estudiante de La Plata en el otro partido del grupo. Sin embargo, como toda su segunda vuelta, el choque arrojó sensaciones satisfactorias y contundentes, caso de su recuperación en involucrar, al menos desde el semblante, a los once futbolistas en salida de balón, o en que esta versión verdolaga, venida a más en el último mes, tiene dueño y causa propia.

A nivel ofensivo, Nacional buscó ventajas desde el saque de puerta corto de Armani

En lo primero, Nacional normalizó su fútbol desde la pelota. Es cierto que tal obsesión a salir siempre por abajo costó el 0-1 ecuatoriano, pero el empecinamiento y la convicción pudieron más, proporcionando, para empezar, aire y, para continuar, peligro. En otras palabras, Nacional consiguió, inicialmente, jugar y, posteriormente, remontar, en ese orden. Y ante un Barcelona que nunca corrigió el tema de su presión alta, muy superada en los primeros metros, el daño fue dramático tras cruzar la divisoria.

En ese orden de ideas, acentuar la entrada del lateral zurdo Edwin Velasco. Peor defensor y mejor atacante que Farid Díaz, entiende el juego de una manera distinta tanto por delante como, sobre todo, por detrás de la línea del balón al cesarense. En un fútbol que exige tanta versatilidad como el del siglo XXI, que tu lateral tenga alma de centrocampista y una cierta interpretación avanzada, es como pasar del agua al vino. En términos de fluidez, continuidad, sinergia y progreso, y más aún con el estilo que pone en práctica Reinaldo Rueda, encaja más fácil.

Ibargüen, uno de los pocos jugadores que estuvo a la altura en esta Libertadores

Por último, y no precisamente por lo que hizo anoche, Andrés Felipe Ibargüen dejó muy claro que el Atlético Nacional de este año le pertenece. Quizá completó su partido menos brillante, pero sí el más exigente. Y en esa exigencia mencionada, clave mencionar su diversidad de recursos. Si antes necesitaba contextos más o menos semejantes para desbordar, ahora mismo, desde la creación de espacios hasta el regate con efecto anestésico –en cuanto a ritmo se refiere–, prácticamente la nada. Le entregas la bola y el vallecaucano transforma equipo, jugada, partido o rival. Multiplica líneas de pase, crea ocasiones de gol, destroza defensas… Con el asterisco del supercrack Juan Fernando Quintero, Ibargüen es el mejor futbolista colombiano de la liga. Y la Copa Libertadores lo ha manifestado.

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