La idea de que Gustavo Costas es un entrenador defensivo se ha hecho lugar en el imaginario colombiano seguramente sin mayor reflexión. Si bien el cuidado del propio arco y la defensa metódica son cosas que el argentino siempre está buscando, la temporada de Independiente Santa Fe ha demostrado que su técnico reconoce cuando la pólvora está mojada y no deja de preocuparle sus armas en ataque. Se puede decir que Costas ha probado un sinfín de soluciones y que, hoy por hoy, contrario a lo que se diría de él, confía su suerte a la ofensiva.

Santa Fe se ha entregado a la determinación de sus centrocampistas con gol

Luego del baldado de agua fría que significó el primer clásico del año, los problemas de producción en ataque se hicieron impostergables para el expreso rojo. Gustavo Costas se decantó por una doble mediapunta entre Johan Arango y Jonathan Gómez que rindió frutos apenas ocho días después: su movilidad, vértigo y remate fue el ajuste de cuentas entre Costas y Miguel Ángel Russo.

Para ponerlo en perspectiva, las de Arango y Gómez son posiblemente las pegadas más productivas del FPC, Juan Fernando Quintero aparte. Así lo cree Gustavo Costas, como lo demuestra la insistente titularidad de Denis Stracqualursi, argumentable exclusivamente a partir de su capacidad pivoteadora y su trabajo en función de los centrocampistas con llegada.

Lo cierto es que, pese a la calidad que atesora la sociedad Arango-Gómez, el cardenal aún no se halla en capacidad de potenciarla en plenitud. Si bien la dupla en cuestión suele terminar las jugadas por el centro, a día de hoy carecen de un mecanismo que libere dicha zona para ellos y que estire al rival para obligarlo a ceder el anhelado espacio en la frontal.

El equipo no ha encontrado apoyo en las bandas

En este orden de ideas, Santa Fe viene aquejando una falta de producción en las bandas que señala el presente de sus laterales. Por derecha, Juan Daniel Roa no está aportando lo suficiente en ataque para su equipo, en parte porque no se proyecta si no es para ganar línea de fondo y en parte porque, para su entrenador, es menester limitar sus descolgadas como medida preventiva ante su impuntualidad en el regreso. Por el lado de Dairon Mosquera, otrora lateral top de la liga, aún no recupera aquel pletórico estado de forma de 2015. Atacar es arriesgar, y es eso precisamente a lo que Mosquera le ha costado atreverse después de la lesión.

El resultado de la falta de proyección de los laterales está representando un embudo en el medio para Santa Fe. En este sentido, no hay que descartar la evolución de Dairon Mosquera ahora que el equipo más lo necesita. No obstante, es la baja de Johan Arango y la posible inclusión de Omar Pérez la que abre la puerta a una nueva dinámica. El argentino, un enganche al uso que toca mucho el balón y obliga a los suyos a organizarse por y para él, es la oportunidad para meter a su equipo en campo rival, dar tiempo y claridad para que sus laterales pasen al ataque y, en definitiva, activar el juego por bandas del expreso.

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