Con una mitad del corazón puesta en Lima y la otra mitad en La Paz, Independiente Santa Fe venció a Sporting Cristal con una sensación que se ha hecho habitual: sobreviviendo. Lejos de sus versiones más dominantes (ante The Strongest y ante Millonarios en el segundo Clásico), el equipo de Costas se llevó la victoria porque nunca deja de creer y porque, tal parece, ha alcanzando el momento de la temporada en que sus pulmones van más cargados que nunca.

A Santa Fe le costó contraatacar

El onceno cardenal dispuesto para su visita al Alberto Gallardo anunciaba un juego frenético. Con Balanta, Salazar, Perlaza y Gómez en la misma línea, lo normal es un equipo que se siente cómodo corriendo a falta de sociedades que den otra cadencia al juego.

Así pues, la propuesta de Costas urgía espacios para prosperar, pero éstos no aparecían. En primer lugar, porque Sporting Cristal retrocedía correctamente cuando Santa Fe se disponía a atacar, encimando tanto al lanzador como a los receptores. En segundo lugar, porque robar el balón, que es el paso previo para contraatacar, es una facultad mermada sin Gordillo.

La clave del partido estuvo en enfocar a Jonathan Gómez y Leyvin Balanta al regate

Costas echó mano al equipo y con un cambio posicional le bastó para cambiar radicalmente la trama del encuentro, lo que dice mucho de la pobreza táctica del mismo. Con el cambio de perfil entre Gómez y Balanta, que partían de la banda para internarse en el centro a punta de regates, el contragolpe cardenal dejó de ser unidireccional. Y con esto fue suficiente para desequilibrar el partido.

El equipo de Costas, tremendamente emotivo, requiere sagradamente de victorias como las de ayer para revitalizarse. El expreso rojo llega con la frente en alto a los 180 minutos decisivos de la temporada. Veremos.

Fotos: CRIS BOURONCLE/AFP/Getty Images

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