Peor rodeado que en otros tiempos, Michael Ortega está completando una temporada sobresaliente con el Once Caldas de Manizales. No a un nivel cerca de lo esperado cuando marchó rumbo a Alemania, pero sí superior a lo que fueron sus más recientes temporadas con Junior y Figueirense. Y viene siendo clave y esperanzador el tema de su imposición en su contorno, pues no tiene un grupo de jugadores que arropen su fútbol, que acompañen sus ideas y, sobre todo, que sigan sus pasos. Ortega viene siendo todo para el Once Caldas cuando el día, por lo general, es oscuro, haciéndole tributo a una de las frases más celebres del fútbol: “él y diez más”.

Ortega, de las más firmes promesas del fútbol colombiano post-2011. Potencial de supercrack

Con una mente cambiante, el mayor aporte de Michael Ortega al sistema del Once Caldas viene siendo el juego entre líneas. A través de sucesivos desmarques, le está permitiendo a los suyos ganar altura y encontrar la ruta de cara a gol. Es la única fórmula para creer en marcar. El de Palmar de Varela, simplemente, está necesitando que lo busquen, porque se ha vuelto a encontrar con el giro, con el regate y con la conducción dañina. Físicamente está mejor, evidencia de que se mide a cualquier disputa en carrera con opciones remotas de victoria o a trasladar largos contraataques con la fe de un juvenil de llegar fresco a posición de remate.

En esa continuación, el semestre de Ortega también ha coincido con el bajón de Elkin Soto, su mejor aliado en el transcurso del propio. En ese momento, la figura de Michael se agigantó, bajando mucho más a menudo a la base de la jugada, montado el ataque, moldeándolo y, en especial, rajando con pases. A nivel constructivo, fue la mejor cara del Once Caldas, ilustrada contra Alianza Petrolera y Envigado. No obstante, sin el atlanticense en posiciones avanzadas, el blanco-blanco se vio lastrado en punch. La pelota le llegaba a Cure, Estupiñán, Romero o Sinisterra con la ventaja armada, pero entre controles y decisiones desafortunadas las jugadas poquísimas veces culminaban en peligro. De esta forma, el ensayo nunca contó con la aprobación para ser más reiterada, amén del esperado alta médica de un Jesús Marimón atinado en el primer pase, favoreciendo el adelanto del enganche en el campo.

Michael Ortega calza pies talentosos. Sabe jugar, sabe soltar el balón, sabe moverse y sabe lastimar. De eso nunca se dudó. Pero ahora mismo, está siendo todo lo bueno de un equipo que a lo largo de 18 jornadas ha navegado por la irregularidad. En duros pasajes del curso, la situación del Once Caldas sobrepasó lo futbolístico, caso concreto de su visita al América de Cali. Y ni ese día Ortega agachó la cabeza. Afrontó la situación con la concentración más transparente de alguien que quiere recuperar lo perdido. Quedan dos partidos y toda una vida por delante para comprobar que, en efecto, Michael Ortega quiere ser el socio de James Rodríguez. Estos cinco meses sirven para creérselo.

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