Con la partida de Davinson Sánchez al fútbol europeo, Atlético Nacional se entregó a Felipe Aguilar para ocupar esa demarcación de central derecho. El hoy futbolista del Ajax era un compendio de condiciones y talento muy por encima de la media, pero estaba muy verde en su fútbol aun siendo titular indiscutible del equipo. Problemas de concentración, errores con el balón o de simple falta de regulación y/o conocimiento de sus cualidades en un entorno profesional y no juvenil, eran pan de cada día. De todas formas, compensaba porque su velocidad para anticipar, técnica para pasar el balón y en general su juego eran un gran complemento para el equipo de Reinaldo Rueda. Aguilar, distinto, pero más hecho, tuvo un gran rendimiento, basado sobre todo en una técnica defensiva impresionante, pero no terminaba de atar cabos en contextos adversos tanto sin pelota como con ella.

Cuesta es el primer central juvenil colombiano que responde culturalmente al fútbol de hoy

Y aparece Carlos Cuesta. Es muy difícil encontrar en la historia del fútbol colombiano un central con esa edad y esa confianza en sus condiciones con balón. Los habrá habido con más talento o técnica, pero con la misma determinación a jugársela, no. Y es normal. Aunque en el fútbol siempre han existido los defensas con capacidad técnicas y visión con el esférico, la necesidad cultural y táctica de que los centrales deben sacar el balón jugado es relativamente reciente. La generación de Cuesta ha sido realmente la primera que se ha formado bajo ese modelo y él es el primero que ha surgido con ese estilo de fútbol. Por ejemplo, jugadores no buenos sino brillantes en la salida de balón como Henríquez o Medina, convirtieron ese talento en parte íntegra de su fútbol cuando ya tenían un buen puñado de partidos como profesionales en el caso de Stefan y ya con casi una década jugándolo en el caso del hoy capitán. Cuesta, desde los 17, ya se atrevía a todo.

En el fútbol, muchas veces importa más parecer que ser. Cuesta cree en sus condiciones con fe ciega. Lo intenta todo: cambios de orientación, pases entre líneas, conducciones para batirlas y hasta desmarques por delante de la línea del balón. El solo hecho de que se atreva a hacer esas cosas con su técnica y físico, quizás incluso inferiores a los de Davinson, ya le hace el central con mejor salida de balón que ha acompañado a Henríquez en la era Rueda. Hoy, jugándose el pase a octavos de final ante un Botafogo que en el primer partido se aprovechó de que el único foco de fútbol por detrás de la línea del balón ante presiones adelantadas era el central zurdo, la presencia de Cuesta en el lado derecho tendría impacto más que positivo en Nacional, que ha sufrido todo este semestre cuando le han ido a buscar arriba. Carlos Cuesta confía, juega y crea. Y con él, Atlético Nacional es mejor. No tiene miedo.

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