Atlético Nacional afrontó el partido de vuelta de la Recopa Sudamericana con la obligación de remontar un 2 a 1. Reinaldo Rueda presentó un mediocampo con Aldo Leao Ramírez y Macnelly Torres, lo que dejó claro que el verde de la montaña buscaría la posesión del balón a toda costa para lograr su cometido. Como esto no siempre pasó, Nacional sufrió de más por momentos en el Atanasio Girardot pese al resultado holgado. El equipo de Rueda se coronó campeón de campeones de América por otra vía: la de la genialidad individual.

Macnelly Torres y Andrés Ibargüen, la postal de la noche

El gol tempranero de Dayro Moreno dio paso a dos constantes para Nacional, por lo menos, durante el primer tiempo. En primer lugar, el inmediato grado de confianza alcanzado por el equipo de Rueda, una continuación de lo visto ante Estudiantes y un furor inversamente proporcional a los ánimos de Chapecoense. En segundo lugar, el origen de la jugada de gol marcó la otra gran pauta de los primeros 45 minutos: Macnelly Torres filtrando balones con precisión quirúrgica a espalda de la defensa brasileña una y otra vez.

En este contexto, la sociedad Macnelly-Ibargüen produjo toneladas de fútbol. El extremo caleño, que demanda complicidad para relucir su juego en el centro según lo sienta, tuvo en el 10 el aliado perfecto. La química entre ambos fue incontestable, tanto así que el disparo que escasea en Ibargüen esta vez tuvo lugar gracias a los pases de Macnelly, que lo orientaron para eso. Finalmente, Dayro Moreno despoblando el área a merced del crack con el 11 en su espalda fue la cereza del postre en la primera mitad.

El segundo tiempo mostró a un equipo largo y débil en las transiciones

Lo cierto es que la dinámica positiva verdolaga no fue la misma para los segundos 45 minutos, en parte porque Chapecoense pervirtió el marcaje a Macnelly y en parte porque Nacional quiso ser austero en sus pases. Sin el 10 implicado en las jugadas, Nacional perdió criterio en el trámite y orden en ataque. A Aldo Leao no le daba el tiempo para incorporarse a la ofensiva en tres cuartos de cancha cuando ya debía correr de vuelta para contener el contraataque brasileño. Nacional perdía mal el balón, pues no estaba correctamente organizado al atacar, y el juego se tornó en un ida y vuelta que lo puso en aprietos.

Si el resultado fue todo lo opuesto a los apuros que vivió Nacional fue porque su extremo izquierdo es Andrés Felipe Ibargën, que atraviesa un momento fantástico, que está intratable en el regate, que imagina cosas descabelladas y que derrocha fútbol de sobra para, en un partido dificilísimo, liderar una goleada.

Fotos: LUIS ACOSTA/AFP/Getty Images

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