De cuando en cuando el Universo Fútbol entra en ese momento histórico en que las preguntas que formula obligan a replantearse todo. Y el fútbol colombiano se halla en esos días fascinantes. La respuesta a la pregunta sobre cómo superar al Independiente Medellín de Luis Zubeldía trasciende los tópicos de obligarlo a jugar mal o jugar mejor que él. El poderoso de la montaña ha demostrado tener a su favor una variable por encima de esa lógica, una variable lo suficientemente volátil para con un chispazo cambiar el curso de un partido. Juan Fernando Quintero es la pregunta, y anoche Arturo Boyacá ofreció una respuesta.

La Equidad mostró el plan contra Quintero más sabio hasta el momento

Entre todos los métodos llevados a cabo hasta hoy para frenar a Quintero, el de La Equidad ha sido, sin lugar a dudas, el más coherente y eficaz. Los de Arturo Boyacá pisaron el Atanasio Girardot exhibiendo una aguda comprensión del 10, plenamente conscientes de los riesgos y ventajas de cada decisión sobre él. Entre ellas, demostraron que no perderlo de vista no debe confundirse con encimarlo todo el tiempo.

Naturalmente, la tentación de ir a por el 10 y robarle el balón resulta irresistible. Además de despojar al DIM de su mayor poder desequilibrante, la acción representa el comienzo de una cadena de efectos favorables que parten del hecho de recuperar la pelota e iniciar un ataque en la zona de un rival sin compromiso defensivo alguno. Por eso la apuesta es tentadora y la gran mayoría se ha decidido por ella, olvidándose de lo improbable que es.

Y es que lo que más le conviene a Quintero es, precisamente, que lo vayan a buscar; no sólo por su multiplicidad de recursos para escaparse sino porque aquello implica liberar a sus compañeros para encontrarlos después en ventaja. Dicho esto, Equidad mostró cordura para encimar a Quintero en la banda derecha –donde suele empezar sus acciones– sin que ello significara descuidar a Castro y Viola por dentro.

El desarrollo del juego fue el que Boyacá imaginó

Los aseguradores supieron muy bien dónde sí debían prender las alarmas. Una vez se internaba en el centro, Quintero se convertía en blanco de toda una inteligencia en defensa. Y aunque el 10 careció de espacio a causa de la presión incansable de Equidad, los de Arturo Boyacá prosperaron porque su plan contempló, antes que nada, el fracaso. Si bien cabía esperar que los Restrepo, Mahecha y Blanco fallaran como falla cualquiera al momento de meterle el pie a Quintero, el sistema defensivo asegurador basó su apuesta en el segundo intento.

Así pues, el marcaje escalonado de los capitalinos fue irrenunciable, comprobado en la actuación de Andrés Correa, quien no dudó en cerrar su posición para cumplir algún relevo en el medio. Dairin González defendiendo dentro y fuera del área, siempre consciente de que las filtraciones de Quintero no tardarían en llegar, también dejó una noche para el recuerdo.

Sin la presencia de Fabián Vargas ni Stalin Motta, Arturo Boyacá comprendió al crack del DIM, preparó a su equipo para el fallo y compitió con honores en el Atanasio Girardot. Al final ni siquiera la mejor defensa con que se ha topado hasta el momento fue impedimento para el pasegol de Quintero. Y es que en el fútbol, como en la vida, el éxito es una excepción, y ante Quintero perder es lo normal.

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