El fútbol suele dar muchas oportunidades. Ni dos ni tres, sino muchísimas. Sea para reinventarse o simplemente para madurar, pero las da. El caso de Yamilson Rivera no es la excepción, ni por lo uno ni lo otro. Si había una piedra en medio del camino, caso de su carácter, que estaba frenando el transcurrir de su carrera futbolística, él ha decidido retirarla y seguir caminando. Rivera se percató (algo tarde, eso sí) de sus cualidades y está siendo uno de los nombres sustanciales de la presente Liga Águila. Con pocos “peros”, de hecho.

Rivera sigue corriendo mucho

El nombre de Yamilson Rivera apareció en los periódicos nacionales por allá en 2012, con el América de Cali en la Primera B. En ese entonces, hablar de Yamilson era referirse a un mediapunta gestor de juego. Por supuesto que nada vinculado al enganche barroco, pero sí se esperaba que moviera los hilos. No obstante, al nariñense se le reconoció (y se le reconoce) por la aceleración, la fuerza a campo abierto y el cambio de velocidad. Muy difícil de atrapar cuando enciende la moto. Puro nervio.

Desde entonces, con toques, movimientos y habilidad (aislados de su rutinario fútbol) propios de quien sabe jugar, se le empezó a notar un gusto por el espacio. Es más, por momentos, casi necesario para aparecer. Su diagonal con pelota controlada era uno de los recursos más imparable e inafrontable individualmente por parte del rival, siempre y cuando hubiese terreno por delante para desempeñar con desparpajo. De lo contrario, entre más reducido fuese el terreno, mucho menos poder exhibiría.

Yamilson lleva toda la temporada aportando al Pasto en cualquier sentido ofensivo

Pero eso ya cambió. Del Rivera de hace 5 años al Rivera de hoy, la diferencia consiste en el físico. Dejó de ser un futbolista escurridizo y con cuerpo de niño para abrasar en cuanto a potencia se refiere a otro. En palabras menores, es más ancho. Ahora puede recibir al pie y decidir otras vías de escape diferentes a la de la gambeta. Yamilson ya es un futbolista autosuficiente. Le das la pelota y crea. Juega para él y para los suyos. Desaparece menos. Piensa más. 8 dianas, 2 asistencias y otras tantas implicaciones indirectas (con movimientos de aclarado, penúltimos pases o fintas) en los goles del Deportivo Pasto son la perfecta demostración. Hay que seguirle en lo que resta. Es un nuevo rescate de Flabio Torres.

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