Muchos siglos atrás, en la Antigua Grecia, Heráclito dejó constancia de uno de los más sustanciosos aforismos que se recuerde: “nadie se baña dos veces en el mismo río”. Amén del filósofo, el mundo es el resultado del eterno flujo cambiante. Pero el hombre, caprichoso animal, no da tregua en su afán por hallar patrones, dar orden al caos y, en definitiva, forzar la idea de que las aguas del ayer guardan relación con el ahora.

El Santa Fe de Gustavo Costas no es eso. No sigue un patrón, ni protagoniza una historia continua ni se mantiene idéntico en el tiempo. Por el contrario, es deleble, mutante y contradictorio. Para la muestra los numerosos análisis que se han escrito en este espacio buscando dar sentido al equipo de Costas, análisis donde, en lugar de una línea progresiva, ha reinado la contrariedad. Al final eso es un equipo de Costas: maleable hasta la médula porque se basa en principios tan fugaces como lo son el estado de ánimo y la inspiración. Sólo así se entiende que Héctor Urrego, agente activo de una defensa que bordó lo impecable menos de 60 días atrás, haya hecho el papel de villano ayer en la noche de Copa Libertadores.

Contrario al primer tramo del semestre, hoy Santa Fe deja dudas en defensa

Independiente Santa Fe visitó Pacaembú acusando la que seguramente es su peor baja posible: la de Yeison Gordillo. Además de ser el adalid defensivo, el caucano se ha convertido en un viejo zorro en las noches continentales, por lo que su ausencia le nubla el juicio a un Santa Fe que, en consecuencia, resulta defendiendo peor.

El resultado fue un mediocampo con Sebastián Salazar y Baldomero Perlaza que corría de más en no pocas veces durante los 90 minutos, desamparando espacios donde Santos hizo fiesta. En defensa José Moya y Héctor Urrego, sin una figura de confianza por delante, multiplicaron sus labores correctivas, cosa que en otro contexto harían bien, y cundió el pánico entre los dos. La utopía se había hecho realidad: el Santa Fe de Gustavo Costas hacía aguas en defensa.

Esta vez el expreso confió su suerte a su dinámica en ataque

Pero el verdadero giro narrativo estuvo en la ofensiva, pues, pese a los fallos en defensa, si Santa Fe no perdió competitividad se lo debió a sus jugadores de ataque. El orden que carecieron Salazar y Perlaza defendiendo lo mostraron de sobra en ataque, repartiéndose espacios con coherencia y fluidez. La participación decidida de Johan Arango y la explosividad de Jonathan Gómez hicieron saber que Santos también padecía en defensa y regalaba el pase entre líneas, lo que derivó en un primer tiempo de toma y dame donde el centro del campo fue tierra de nadie.

Así las cosas, el partido se antojaba para el que tuviera mejor pegada en el ida y vuelta, o en su defecto, quien echara mano a su mediocampo para controlar el juego. Gustavo Costas mantuvo un buen tiempo a Damir Ceter en el banco, y no se decidió ni por lo uno ni por lo otro. Dorival Júnior sí hizo su apuesta. Primero envió a la cancha a Jonathan Copete, quien con su sola presencia en la banda amplió los desplazamientos defensivos de un doble pivote cardenal suficientemente confundido. Luego, con el ingreso de Vladimir Hernández, Santos finiquitó el embrollo Salazar-Perlaza y se apropió del balón y del juego.

Fotos:

NELSON ALMEIDA/AFP/Getty Images

ALEXANDRE SCHNEIDER/Getty Images

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