Poner sobre la mesa de redacción una palabra como rivalidad es servir en un plato de alto precio un manjar exquisito para un medio sensacionalista. Las rivalidades lo tienen todo para llamar la atención: desde aquel que sufre la ignominia de ser el sometido hasta la oportunidad de poder vengarse. Y las rivalidades existen y existirán mientras el humano camine el globo terráqueo. Desde los Montescos contra los Capuletos en la literatura, Blur y Oasis en la música inglesa o en el mundo fútbol el River Plate contra Boca Juniors. Estos son relatos que contienen en su misma vértebra todo lo que los seres humanos vivimos a diario.

Pero hoy el artículo de rivalidad de El Dorado Magazine se escribe con tinta roja. La historia balompédica de nuestro país tiene una rivalidad llena de aristas entre Independiente Santa Fe y América de Cali que guarda en su interior la furia del desdichado y el poder de la osadía del acostumbrado ganador.

América se llevó lo mejor del Santa Fe campeón de la Copa Colombia ’89 y desató la rivalidad

Wilmer Cabrera (de espalda) celebra con el ‘Pitufo’ de Ávila

Para empezar hay que situarse en el año de 1989.  Ese mismo año en que el campeonato nacional fue suspendido por el asesinato del juez central Álvaro Ortega, quien después de dirigir un Independiente Medellín – América de Cali terminó enterrado, pues las fuerzas criminales detrás del club paisa sintieron que los habían robado. En esa temporada Santa Fe contaba con una nómina que estaba haciendo ruido y la cual no tardó en llegar a las filas del diablo rojo. En el fútbol, aunque suene poco romántico, el dinero puede muchas cosas, y en esta ocasión logró que la espina dorsal de ese Santa Fe hiciera las maletas y se trasladara a Cali.

Eduardo Niño, Jorge Balbis, Wilmer Cabrera, Sergio Angulo y Freddy Rincón llegaron a Cali para unirse a un equipo que, lejos de estar corto de figuras, tenía un equipo construido para arrasar. Al siguiente año sucedió lo que ya todos sabían: ese América campeonó ganándole en el cuadrangular final a Santa Fe.

Ese fue el inicio de una rivalidad que, más allá del color, tenía elementos históricos fundamentales. Porque en el fútbol, llevarse un jugador de un equipo a otro no solo significa una pérdida en términos futbolísticos pero también en el corazón del hincha. De ahí nace esa palabra que se utiliza tan mal en los estadios, esa con la que tildan y piensan que están destruyendo: mercenario. El futbolista en últimas es eso: un mercenario, porque por definición es un ser que recibe un salario por su trabajo y servicio.

Apenas un año después, Santa Fe perdió el título a manos de sus ex-jugadores

Julián Téllez en la noche del título de Copa Merconorte en El Campín

Si a esto se le suma que esos mismos que fueron ídolos cardenales contribuyeron para que Santa Fe perdiera el título al año siguiente tenemos una guerra declarada. Pero esto eran apenas puntos suspensivos. El hincha santafereño quedó con la espina guardada y empezó a mirar con recelo los enfrentamientos contra el América, sin saber que desde ese día la maldición apenas empezaba.

Pasaron nueve años para que un nuevo suceso marcara esta historia. Esta vez el marco era la Copa Merconorte. A la final llegaron los dos equipos colombianos y con el hierro en la garganta Santa Fe pensó que podría vengarse de lo sucedido en 1989 y 1990. Pero la suerte no funciona de esa manera: en realidad el fútbol, siempre carente de lógica o tal vez demasiado lógico para ser cierto, puso de nuevo al equipo caleño por encima del bogotano. En una serie que quedó empatada a dos goles, los penales tuvieron que definir al campeón. América de Cali levantó el trofeo y siguió caminando por la vida como aquel que obra mal pero nunca nada malo le pasa.

Mientras tanto, en el mundo la gente se reunía para recibir el nuevo milenio, creían que cuando cayera la bola de cristal en el Time Square el futuro sería un hecho. “¿Por qué no?”, pensó el hincha de Santa Fe. Por otra parte, los hinchas del América tan sólo se preparaban para gritar una y otra vez el tan anhelado ¡campeones! En el 2000 Santa Fe estuvo siempre de segundo. Mirando y mirando hacia arriba al América que fecha tras fecha seguía liderando el Torneo. Cuando llegó el momento de los cuadrangulares finales, los diablos rojos hicieron su parte y quedaron campeones mientras que Santa Fe quedó de último.

El principio de siglo agudizó el afán de revancha en Santa Fe

Ya en el 2002 la realidad fue aún más cruenta con el equipo cardenal. En el Apertura el conjunto bogotano clasificó de segundo a los cuadrangulares finales con 38 puntos. Por su parte, el América de Cali, dirigido por Jaime de La Pava, se metió en la instancia final en el último momento: quedó de octavo con 33 puntos.  Lo inevitable sucedió y los dos conjuntos quedaron en el grupo B. Casi que el desenlace de esta edición se cuenta solo, como las veces anteriores Santa Fe tuvo que ver como el América destrozaba sus sueños. El grupo terminó con el equipo de De la Pava primero ya que logró hacer 12 puntos mientras que Santa Fe sólo alcanzó a sumar 11. Después en la final los diablos rojos le ganaron a Atlético Nacional y lograron el tricampeonato.

Lo cierto de todo esto es que la revancha está a la vuelta de la esquina y hoy es un día en que el club capitalino, bajo el mando del argentino Gustavo Costas, puede acabar con la supremacía del América y darle un empujón al tan desgraciado puesto de los descensos.

Fotos: PEDRO UGARTE/AFP/Getty Images

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