El día en que Carlos Sánchez se adueñó del centro del campo en Colombia fue el día en que triunfó un paradigma de mediocampista sobre los demás. ‘La Roca’ se abrió paso en la selección con más talla que gracia, amparado en un biotipo privilegiado y una voluntad irreductible para empantanarse por todos.

Para la posición de volante 5 Sánchez fue un enroque. Su figura inspiró a muchos a emularlo y, de golpe, Colombia desencadenó jaurías de bestias físicas por doquier. Asomó Elkin Blanco en el Palogrande y empezaron a llover, con sus más y sus menos, los Juan David Cabezas, Didier Moreno, Baldomero Perlaza, Yeison Gordillo y Wílmar Barrios, entre otros. Toda una camada de centrocampistas que, para su fortuna, han coincidido con la importación de entrenadores rioplatenses, quienes caen rendidos ante su porte.

El Estadio La Libertad está siendo testigo de un antiparadigma

Como no podía ser de otra manera, en la capital de Nariño, eternamente contracultural, el goce va por cuenta de un futbolista distinto, un pivote que no es escudo sino motor. En la tierra de La Guaneña, Víctor Cantillo es un bambuco festivo. Su juego irradia armonía, calidez e ilusión.

Lo hace diferente que no pasa el balón por pasarlo, sino siempre con la intención de generar cosas. Y así como es agresivo en el pase, su conducción es lúcida y su picardía atrayendo rivales no admite dudas. Con el balón en sus pies es sólo buenas decisiones y fluidez, como si no se hubiera formado en un barrizal colombiano sino en alguna escuela de los Países Bajos.

Es bello pensar que el fragoso campo de La Libertad y los vientos que bajan del Galeras impiden la liberación de una técnica aún por descubrir. Mientras tanto, Flabio Torres puede exhibir lo ya descubierto. Víctor Cantillo es un diamante en bruto. Y mientras siga sonando el bambuco, el Deportivo Pasto seguirá soñando en grande.

One comment

  1. Excelente! Aunque hay que decir que el crecimiento futbolísitico de Carlos Sánchez en el último año ha sido brutal. Ha aprendido a hacer cosas (recibir perfilado con la pierna alejada, manejar su pierna izquierda, conducir para atraer, pasar con intención) que, personalmente, nunca creí que llegaría a hacer

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