Sorprende que el fútbol de Nicolás Benedetti, la última joya de la cantera azucarera, no haya sufrido daños y perjuicios en estos casi dos años que constata como futbolista profesional. Todo lo contrario. Tiene 19 canas y parece que le ha hecho crecer, latente de la pésima gestión de minutos que le han dado sus entrenadores en los últimos 12 meses para acá. Enviado a la guerra en estado de abandono o asumiendo el rol de salvavidas, la acción que ha visto Benedetti no ha sido placentera. De todos modos, los ha asimilado. Y de qué manera.

Bajo la directriz de Yepes, Benedetti participó más como atacante

Cuando Mario Alberto Yepes llegó al Deportivo Cali, sus dos primeras puestas en escena, de mejor o peor desenvolvimiento, destacaron por ser ambiciosas. Mediapuntas cerrados en el carril central, laterales protagonistas en campo rival, el ‘9’ conectado (mas no atinado) con el juego medio… Era un Cali que, en principio, tenía una idea nítida. Sin embargo, el pasar de los partidos le fue dando a Yepes otra perspectiva. Si antes era “primero el 2-0 antes que el 1-0”, después fue “primero el 0-0 antes que el 0-1”. El chip cambió. Y de esas nuevas maneras, Benedetti se erigió como el jugador condicionante saliendo del banquillo. De segundo delantero y amparado por una llegada, pegada y ruptura de golpe lleno pero aun inmoderado, siendo alguien vinculado con el balón, acogió sin ademanes la tarea.

Nueva función privaría a Benedetti de muchos gustos, pero, ante todo, de la pelota. Del toque de cara. De administrar espacios ofensivos. Pero la sorpresa no llegaría hasta ahí. Ni más faltaba. Hablar de Nicolás es hablar del mediapunta con menos gol y con menor capacidad resolutiva de la plantilla auriverde. Pero lo fue. ‘El Poeta’ tiene pie, carácter y potencial para ganar encuentros que su equipo no domine. Enfocado a los últimos metros, brotó determinación. Probó más su golpeo de balón lejano, tiró más diagonales a portería y cayó más veces al punto de penalti. Benedetti se comportó como un segunda punta tal. Hizo caso a las indicaciones de Yepes, consciente de las limitaciones técnicas y estratégicas que conllevaba la apuesta.

Los entrenadores que lo han dirigido confían más en su último que en su primer pase

Esta temporada, no obstante, separado de Mario Alberto Yepes y a las órdenes de Héctor Cárdenas, su itinerario puede estar cambiando. No dejando de alternar titularidades con suplencias, Benedetti cada vez que juega ve alterado tanto su entorno como su papel. Ha encontrado sitio para su pase predilecto, ha recuperado su relación con la pelota y, muy poco a poco, está descubriendo la manera de acercarse al área sin dejar de pisar la zona de ’10’. Pero no todo es color de rosas. Benedetti sigue igual de enfocado al gol, sobreexplotando Cárdenas sus recursos técnicos, su imaginación, su panorama y su capacidad física (de la que hoy en día no puede presumir y marcar diferencias), sin importar cómo o quién lo acompañe. Para Héctor, Nicolás es el penúltimo toque. Simple y recortado.

El Deportivo Cali no es un conjunto que base su ofensiva en el orden. La inentendible posición de Roa, los apoyos en mediocampo de Murillo, el hundimiento casi entre centrales de Mayer… El ataque azucarero, cuando se lo hace mirar, es algo disparatado. Para más inri teniendo a Nicolás Benedetti, centrocampista de dotes organizativos, al que no le han querido prestar atención y potenciar debidamente. Han orientado al jovencísimo mediapunta a todas las alturas y a todos los carriles probables, menos a la función de manejador de balón y juego. A ver quién es el primero que le da preponderancia al centrocampista más centrocampista que tiene Colombia por apreciar.

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