La Copa Libertadores 2017 ha demostrado que el rey de América es de carne y hueso. El equipo de Reinaldo Rueda sufre como los demás mortales. Y hasta más. Atlético Nacional ya no osa de sangre azul, tal como hiciera en su periplo continental un año atrás.

Lo sabe ahora, que sangra. Los legionarios no claudican ante ello: marcan con sangre su frente y mantienen su lucha. Así, con sangre en la frente, Alexis Henríquez y Luis Carlos Ruíz resistieron en La Plata.

El ingreso de Aldo no pretendió llenar el vacío de Macnelly

En su visita a Estudiantes, Reinaldo Rueda quiso dar solución a una de las cuestiones que lo embargan: penetrar el área rival. A lo largo del semestre, Nacional ha carecido de la fórmula ideal para resolver situaciones en el último cuarto de cancha sin precipitar la finalización de las jugadas.

Ante esto, Rueda interpreta la falta de creatividad en la zona de aceleración como la raíz del problema. En consecuencia, el entrenador verdolaga dio ingreso a Aldo Leao Ramírez en remplazo del lesionado Macnelly Torres, encargándole la exclusiva función del último pase. Con Aldo tan cerca del arco pincharrata y tan lejos de la medular, Nacional desistió de su carril central para encontrarlo.

La ofensiva verdolaga se basó en los envíos largos

En efecto, la hoja de ruta para progresar en campo rival fueron las bandas, activadas a base de pases horizontales y cambios de orientación. Pero como Nacional ya no tiene un Alexander Mejía de lanzador ni un Orlando Berrío de receptor, su plan se fue desmoronando. Ni John Mosquera ni Dayro Moreno dieron la talla para fijar en las bandas y activar a Aldo muy arriba.

Sí lo hizo Luis Carlos Ruíz, quien con sus contadas caídas a banda hizo posibles algunos envíos en largo y confirmó que, por su calidad para prolongar jugadas, su aporte en Nacional está siendo invaluable. Si la dinámica no fue constante se debió a la falta de calidad en los lanzamientos de Nacional, ciertamente sucios y faltos de técnica.

Con Aldo tan lejos de la medular, Nacional se hallaba partido tras cada fallo. Fallos que forzó una y otra vez Juan Sebastián Verón, que sin necesidad de correr y por pura presencia desataba confusión en la salida verdolaga.

Henríquez jugó un partido para enmarcar. Echó en falta a Ibargüen desde el inicio

Para la segunda parte, pintado con sangre en su rostro, Alexis Henríquez hizo frente a la adversidad. En una exhibición que no se recordaba desde que Stefan Medina enfrentó a Newell’s, Henríquez derrochó técnica, activando carriles central y exteriores, conectando a ras de suelo o en largo, y señalando para Atlético Nacional el camino ante la presión contraria por primera vez en esta Copa Libertadores.

El ingreso de Andrés Ibargüen para explotar la zona entre líneas no admitía espera, pero se hizo esperar. Ya con Santiago Ascacíbar en cancha, Estudiantes bloqueó ese pase.

Entonces Reinaldo Rueda dio inicio a su cacería de brujas. Condenó a Dayro Moreno por no fijar en la banda, cuando lo suyo son las rupturas. Condenó a Aldo Leao por no figurar en el área, cuando lo suyo es buscar el balón y jugar de cara.

¿Qué será del rey?

Fotos: EITAN ABRAMOVICH/AFP/Getty Images

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