El caso de Emanuel Balbo en Argentina sacudió el mundo del fútbol. Su brutal asesinato y las imágenes de este evidencian que el problema de la violencia en las canchas del país sudamericano ya se salió de las manos de las autoridades. Desde hace varios años los aficionados visitantes no pueden ir a los estadios por seguridad, situación que evidencia lo mal tratado que ha estado el tema por los dirigentes, la Policía y los mandatarios, tanto locales como nacionales. En Colombia no estamos tan lejos de llegar a esa situación.

Algunos podrán decir que se está exagerando, que la comparación puede ser absurda, pero no es así. El pasado 3 de abril, un aficionado de Millonarios asesinó a un hincha de Alianza Petrolera en Barrancabermeja. El caso fue mencionado por los medios, el club aurinegro declaró no gratas a las barras del club azul, las autoridades detuvieron a dos personas y pare de contar.

Declaramos personas no gratas las barras populares del Club Millonarios en la ciudad de Barrancabermeja y damos un voto de confianza a las autoridades competentes para que investiguen y esclarezcan los hechos ocurridos que empañan la fiesta del fútbol a nuestra ciudad y la familia aurinegra”, señaló Alianza Petrolera en un comunicado

Y así pasa siempre. Un día es uno de Alianza Petrolera, otro del Unión Magdalena o del Deportivo Cali. Si no hay muertos, las agresiones son graves entre hinchas de Nacional y Medellín o de Chicó y Patriotas. Los casos quedan impunes, el balón sigue rodando y nada cambia. Seguramente en nuestros estadios no se vean escenas tan graves como la de Córdoba, pero afuera la situación se hace insostenible. La Dimayor se hace la de la vista gorda, los clubes cierran tribunas a los visitantes para que no haya problemas dentro de sus canchas y esas muertes se suman, como un maldito número y no una vida, a las cifras de asesinatos que deja a diario el país.

El problema les quedó grande a todos –clubes, autoridades y aficionados–. Es utópico pensar que puede volver a haber fútbol en paz en Colombia. Ver aficionados de Millonarios en Medellín, de Nacional en Cali o de América en Bogotá parece lejano y poco importante para los que mandan.

Mientras la pelota siga rodando, todo estará bien para ellos. El mejor ejemplo de ello están dando la Dimayor y la Policía, quienes en vez de trabajar juntos por la seguridad de la gente en las canchas se culpan el uno al otro por lo que pase o deje de pasar en los estadios.

En Colombia, tampoco se vislumbra una solución cercana al problema. Quizás no haya un Emanuel Balbo, pero sí hay muchos como el de Cristian Virviescas, el hincha asesinado de Alianza Petrolera.

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