Han pasado más de 100 partidos del debut de Jarlan Barrera con la camiseta del Junior de Barranquilla. Han pasado más de 3 años en el que se le ha tratado como una promesa, mas no como una certeza para el presente rojiblanco. Han pasado semestres en el que se le ha esperado el anhelado paso hacia adelante, pero él ha dado uno pequeñísimo… hacia atrás. Cada campaña tenía su excusa, por juventud, ritmo de juego propio o plaga de lesiones. Sin embargo, esto parece haber terminado. Cerca a los 22 años y con muchas sombras en su juego, Jarlan aún no ha explotado. O no ha sabido explotar. Deja golazos o deja un par de veces al compañero cara a cara con el guardameta, pero hasta ahí acaba su aporte en los partidos. Para lo que de verdad se le exige, de momento, no está listo.

La mediapunta fue su pasado, pero no es su presente ni mucho menos será su futuro

Con una conciencia diferente, eso sí, Barrera viene afrontando este semestre: la del hombre involucrado muchas veces en un mismo ataque. Con una libertad desmesurada para interpretar e intervenir en la jugada, cosa que le hace daño a su fútbol tan restringido (al último cuarto o por detrás de la pelota), tan poco organizativo y tan horizontal, Junior no alcanza un ritmo ofensivo o una altura entre líneas que favorezca a su ataque posicional. Y es que, por pasajes, Jarlan juega bien (dulce con el gol, presto para el juego o entregado a labores de remontada), pero su físico liviano y su necesidad de sumar toques de más en el control, lo hace menos productivo.

En el párrafo anterior resaltábamos la extrema libertad que está recogiendo el samario a nivel participativo. Dicha disposición, perjudicial tanto en la parte individual como grupal, no le está otorgando las garantías suficientes. Jarlan es de mirar mucho el juego o, en el caso opuesto, de entrar mucho en contacto con la pelota y, por ende, cerrar el ataque o desfigurar una franca transición ofensiva en estático. Cuando mejor se mostró, justo antes de la lesión, que fue de falso extremo derecho en el 4-4-2 de Alexis Mendoza, destacó por eso mismo; una posición que accedía a recibir con tiempo, a proporcionar una altura extra en salida de balón, y a quedar perfilado para el pase al sector lejano o para el chut, potenciando su rica zurda. Ahí se enfocó al juego sin balón y, sobre todo, al daño. Se hizo capital, muestra que el Junior extrañó su estampa cuando no estuvo.

Al sobrino del ‘Pibe’ le duele crear desde la nada. Necesita ventajas a su alrededor

Sucede que el Junior 2017, antes con Alberto Gamero y ahora con Julio Comesaña, requiere de una figura sobre la cual sustentarse ofensivamente. Al inicio lo fue Robinson Aponzá, después el legado pasó a Roberto Ovelar y en la actualidad lo es Édinson Toloza. En lo destacado, pese al malévolo campeonato que está realizando, hay alguien que sale a flote. No obstante, Jarlan Barrera no es ni lo uno ni lo otro. No está capacitado para salvar las papeletas semana tras semana, como tampoco para marcar un imaginado discurso. Pero, ¿entonces para qué está? ¿No es el crack que insinuó en sus primeros días? ¿Se equivocó Junior en depositar tanta esperanza creativa sobre él? Las disculpas se acabaron. Es ya o nunca. Y más en esta situación. Lo bueno es que todavía se le aguarda. Menos que ayer y más que mañana, pero se le aguarda.

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