América de Cali y Once Caldas se fueron a los seis goles en un encuentro de difícil explicación por momentos. A veces ganó el afán. Principalmente, por la obligación escarlata y el ánimo manizalita. El local necesitaba sí o sí sumar tres puntos pensando en la tabla del descenso; el visitante, en parte, para creer todavía en la clasificación, y por otra, convencer a la afición de que la era Hernán Lisi puede ser un resurgir de las tinieblas para el blanco-blanco. Sin embargo, 45 minutos nada más, la intención del Once Caldas se esfumó y sólo le quedó una segunda mitad con la opción de competir honorablemente y reducir el 4-0 de diferencia en el marcador.

El rival ayudó, pero regresó el América de Hernán Torres

De entrada, en clave americanista, dos circunstancias marcaron el transcurrir del partido. La primera, la titularidad de Santiago Silva. El uruguayo, quien venía de anotar dos goles entre semana por Copa Águila ante el rival de patio, ocupó la plaza de delantero centro, deshabitada por un Ernesto Farías más habituado a la enfermería que a los terrenos esta temporada. Dicho diseño exigió menos a Cristian Martínez Borja, la gran figura del partido, en zona de mediapuntas, logrando construir un espacio y ritmo ofensivo brutal para los intereses rojos. Los cuatro atacantes, desde el primer pase que cruzaba la línea divisoria, amenazaban todos esos metros libres provocados por la hipermovilidad de su doble punta.

La segunda consistió en que Hernán Torres volvió a recuperar la defensa a campo completo, con cinco hombres presionando arriba y el cuarteto defensivo esperando abajo. Tal disposición sin balón depende de sobremanera de que su mediocentro, ayer Anderson Zapata, vincule ambas partes, equilibrando el sistema para un posterior repliegue medio en caso de perder la primera batalla.

La situación del Once Caldas sobrepasa lo futbolístico

En contraste, propuesta tibia del Once Caldas en el Pascual Guerrero. El pitido inicial marcó una constante por 45 minutos muy largos; le costó entrar en el partido, le costó interpretarlo y le costó mucho generar cosas en fase ofensiva, fuera en posicional o en transición. Salvo la jerarquía de Michael Ortega con el balón en los pies, que viene siendo la noticia más positiva junto a Elkin Soto en el blanco-blanco, la sensación a 17 de abril de 2017 es de un equipo sin identidad, sin sistema y sin rastros del año pasado. De un conjunto que no puede llevar a cabo su primer planteamiento por falta de confianza.

Expuesto lo indefinible, otro rollo la actuación de Martínez Borja. Aunque su cadencia de participación disminuye al lado de Silva en comparación de Farías, su encuadre pasa por castigar y no tanto por participar activamente de la construcción. Cerca de la frontal, donde puede cuerpear, desgastar defensas, producir goles, provocar segundas jugadas y sostener la pelota de espalda, es incontenible. Ahora mismo, da la impresión de hacer lo que se le antoja cuando abre los brazos. Once Caldas, una nueva víctima de la poca compasión de Cristian Martínez Borja en los metros finales.

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