El mediocampo de Millonarios sigue condicionando los partidos, pero esta vez el rival entendió que es también importante el cuándo y supo esperar. El equipo de Russo visitó la casa de uno de los grandes equipos del fútbol colombiano hoy por hoy: el Deportivo Pasto de Flabio Torres. El ahogo embajador fue de más a menos como su dominio del partido, que fue diluyéndose enfáticamente en los pies de Daniel Cataño, Víctor Cantillo y Carlos Giraldo, y por supuesto en los goles de Yesus Cabrera, autor de dos joyas: una colectiva y otra individual.

Carlos Giraldo está haciendo una gran temporada con balón

Se enfrentaron dos formas bien opuestas y definidas, con un Pasto que cuando tenía el balón buscaba de manera constante la asociación, el progreso en el campo, pero moviéndose además de mover el balón, ocupando espacios con armonía y técnica, mucha técnica; en cambio, Millonarios destilaba robo y verticalismo, la respuesta a gritos sin la pregunta, con dos delanteros que son de incansable movimiento y un juego de bandas que quería castigar a martillazos las pérdidas de balón del rival. Con el eco de la estridencia inicial provocada por el ritmo azul todavía en el ambiente, el equipo de Flabio Torres tuvo problemas para encontrarse y se debatía entre el juego en largo a Tréllez y las asociaciones por las bandas donde incluía a sus laterales. De acá en más y de a poco el pie guía de Giraldo empezaba a dar señales de la exhibición de balón que se consumaría minutos más tarde.

Exhibición de balón porque el Pasto fue ganando el partido con la paciencia que imprimía en cada pase, en cada combinación a la que la defensa azul empezaba a llegar tarde por el correr y por el tiempo. Lo ganó en Cantillo y en Cataño, y en la apuesta burlona de jugar alrededor del balón. El partido dejó de serlo cuando Russo decidió sacar de la cancha a John Duque, el único con la capacidad de robar balones y hacer que cuando su equipo ataque encuentre desordenado al rival. El plan de Russo en el Libertad al ser reactivo dejó la sensación de ir perdiendo la voz, y los cambios que intentaron matizar la afonía fueron paulatinos cuando debieron ser más radicales. Aún así, Millonarios de tanto en tanto explota, y llega al área tan fácilmente que pudo adornar el resultado de un partido que en la retina y en el sopor de la pelota parecía ya muerto.

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